Son pecados muy españoles. Procastinar, dejar dormir y no ser proactivos, esos son. Analicémoslos,
NO IMPLICARSE
Un amigo en paro te pide iniciar un proyecto, lo necesita imperiosamente y cuando le dices que sí, se desentiende. Incluso quedas para empezarlo y se ausenta. Cuando la preguntas, te dice que “no pudo”. Y es que no tenemos conciencia de que, tras solicitar y llorar, debemos IMPLICARNOS. No. Preferimos pensar que se ha aplicado justicia poética y una vez ajustadas cuentas “políticas”, no hay nada que aportar.
DEJAR DORMIR
Y otro pecado común, dejar dormir. Se inicia un proyecto y tras fantasear con éxitos futuros irreales, acaba la reunión, cada cual se marcha a su casa y los socios se quedan sin hacer nada, aguardando que el otro mueva ficha. Es así como muchas empresas mueren en la primera reunión.
NO APORTAR
Imagine que usted propone una empresa. No sólo cargará con la mayor parte del trabajo, cargará con “todo”. A un español le dices “tira el cenicero” y los proactivos entienden que el coche debe estar brillante, limpiarán el salpicadero, lavarán el cenicero, sacudirán las alfombrillas, llevarán el coche al lavadero… El no proactivo arroja la ceniza por la ventanilla y san seacabó. No entenderá el “más allá” del acto. Te dirá que no es necesario tanto como quieres hacer.
NO SABER HACER.
Y sepa o no la implicación de limpiar el cenicero del coche, afirmarán que no saben ni siquiera hacer esto, y darán claras señales de que no quieren aprender. Muy típico aquello de “no lo hice porque no sabía si te parecería bien”. Y para que quede nítida su postura, fingen torpeza. Fallan porque así no le mandarás más cosas.
No sé si resulta cómico, insultante o indignante, pero estos son pecados. Y aprovechamos que las instituciones son iguales para no movernos nosotros, como un alivio. Así no hay que trabajar.
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-negligencia- QUE SÍ, QUE SÍ… pero no. Negligencia española.
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