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La sociedad de la nieve, película de Juan Antonio Bayona, que pueden encontrar en Netflix, de reciente estreno y de la que todo el mundo habla. Y muy bien. Una gran película según los que la han visto. De tal modo que me incitaron a verla. Y lo hice con la finalidad de disfrutarla y, a su vez, averiguar por qué narices era buena y cuáles eran los recursos narrativos que lograban que fuera buena. Y este es el resultado.
SILENCIO Y PRIMEROS PLANOS.
Y la razón es sencilla. Tan sencilla como eficaz. Silencios y primeros planos, ese es el recurso formal que emplea Bayona para lograr que, tanto los personajes como la historia, sea atractiva. Eso unido a actuaciones realistas que revelan que Bayona tiene ilusión por hacer un buen trabajo y que pone empeño en los detalles. Vamos con cada uno de estos aspectos formales.
LOS SILENCIOS.
Para empezar, los silencios. El sonido del viento en la nieve, los momentos en que nadie habla, en que el frío y las miradas, el sufrimiento de las víctimas pérdidas en la montaña adquieren protagonismo. Todo ello nos sumerge en la historia.
La historia es inmersiva gracias a que el que el guion no avanza porque se recrea en la estética planteada.
De alguna forma, detener la historia para recrearse en momentos en los que nadie habla, en los que nada ocurre, no es detener el avance. Es incidir en el objetivo del mismo: que el público sienta la misma desolación, el mismo frío, el mismo dolor y angustia de los personajes. En el fondo el guion no se detiene, sino que se alimenta y se enriquece mediante estos silencios.
Silencios variados, que muestran de distinto modo este recurso formal, como puede ser los gritos, inaudibles y ensordecidos de desesperación de los pasajeros heridos, que subraya el poder de la montaña y de los fenómenos naturales que oprimen y amenazan de muerte.
Planos generales que muestran la imponente presencia de la cordillera andina y el minúsculo punto indistinguible del avión accidentado y de los pasajeros a su alrededor, que se convierten en minúsculos insectos ante el poderío de la naturaleza.
O el silencio, cuando la amenaza de un alud se acerca antes de enterrarlos. Distintos modos de plantear estéticamente el silencio. Silencio que es alegoría del poder de la nieve, de la cordillera andina, frente a la indefensión y pequeñez humana.
PRIMEROS PLANOS.
Y si los silencios logran el efecto pretendido como sinónimo del poder supremo de la montaña frente a los citados seres humanos, los primeros planos, la cercanía de la cámara mostrando el dolor individualizado de cada personaje logra el efecto de introducirnos en la psicología, doliente y desesperada, de los protagonistas. La forma en que tiene Bayona de decirnos que los humanos están rotos por dentro es abusando de los primeros planos y que estos primeros planos, combinados con los silencios, den como resultado una inmersión en el submundo del alma de los personajes colectivos que representa.
De este modo, de alguna manera, Bayona logran mostrar dos escenarios diferentes, dos mundos argumentalmente distintos. El cósmico de la montaña y lo que podríamos llamar el subcósmico del alma. Es como mostrar alternativamente el universo en toda su extensión y el microscópico de las células. Y esta alternancia del alma y su dolor, a nivel microscópico, y el mundo cósmico, sinónimo de la montaña y su poder, produce esos efectos que hacen de la película de Bayona una gran película.
LAS ACTUACIONES.
Enriqueciendo a todo lo anterior, y más, en concreto, a lo referido acerca de la aproximación al alma de los personajes, imprimen un plus, qué duda cabe, las interpretaciones realistas de los actores, los cuales son escogidos con pinzas entre los más teatrales. Se meten de tal manera en el papel y en la situación que podemos concluir que son geniales por lo verosímiles. Como si fueran las auténticas víctimas que vivieron el suceso.
EL MENSAJE. LA RELIGIOSIDAD EN “LA SOCIEDAD DE LA NIEVE”
Los silencios, los primeros planos, las actuaciones y completando las cuatro columnas que sostienen la película, tenemos el mensaje que nos transmite Bayona.
Lejos de caer en una religiosidad cristiana y mágica, Bayona incide en la solidaridad humana ante las dificultades.
Para empezar, ningún personaje es protagonista sobre los demás. El suceso tuvo un protagonista anónimo y colectivo. Es la visión y el objetivo que se marca Bayona desde el primer momento. Dicha solidaridad, reflejada ya desde el significativo título de “La sociedad de la nieve” nos habla de la existencia de un “yo colectivo”, solidario; un “yo trascendente”, similar a la trascendencia cristiana religiosa. Dios como colaboración entre los hombres. Un concepto de dios que se acerca a una religiosidad laica, moderna, jesuíticaxxx, que se centra mucho más en el amor hacia los demás y en la entrega hacia el prójimo que en el misticismo de un ser imaginario al que se reza y se apela.
No deja Bayona de referirse a la fe cristiana de algunos pasajeros, sobre todo al principio. Pero, de inmediato, esa fe, que es un guiño al espectador para que “lea” “La sociedad de la nieve” como una metáfora religiosa, pasa a ese segundo plano, donde la religiosidad es más una cuestión de solidaridad entre los hombres que un simple rezar y esperar un milagro.
EL PECADO.
Se nota que la película la ha rodado un latino y no un americano. Porque “La sociedad de la nieve” se centra en problemas morales trascendentes mientras que “Viven” lo hace en la aventura y el thriller.
Cabría hablar del concepto de pecado cuando se plantea por primera vez entre la necesidad de alimentarse de los cadáveres. La legalidad, la moralidad y la maldad se discute y se debate entre las víctimas, que llegan a la conclusión de que no es pecado ni ilegal ante una situación de fuerza mayor. Pero se duda y se sufre. Sobre todo, porque “La sociedad de la nieve”, es decir, la solidaridad entre los seres humanos es la verdadera religión que se defiende desde el mensaje de la propia película.
RELIGION JESUÍTICA.
Que las víctimas manifiesten que los supervivientes puedan usar su cuerpo para alimentarse si mueren es un ejemplo del libre albedrío al que se apela y que exime de todo pecado. Porque si uno mismo es dueño de su cuerpo y concede el derecho sobre el mismo, ningún dios puede arrebatárselo y por tanto no peca contra ninguna ley ajena porque ninguna ley se impone desde un estamento superior. La decisión de uno mismo sobre su propio cuerpo es superior a la decisión de un dios imaginario y sus leyes imaginarias que, de algún modo, también están hechas por los hombres. Así que tan imaginarias y divinas no serán.
Es el mensaje que se trasluce de esta decisión, lo cual acerca la película a una religión jesuítica donde el hombre es el centro de la propia religión o, digámoslo así, un paganismo trascendente, no exento de inquietudes místicas donde, de igual modo, el homocentrismo es la principal creencia y filosofía. Pienso que los abortistas encontrarían en “La sociedad de la nieve” unos golosos argumentos religiosos, cuando se habla precisamente de la prevalencia de la voluntad del hombre sobre su propio cuerpo y el poder de la voluntad humana que decide de forma soberana sobre él.
LA GENEROSIDAD Y EL TRIBUTO.
La generosidad, el sacrificio por el prójimo toma un cariz particular cuando el hermano de Juan Antonio Bayona, Carlos Bayona, aclara en twitter (anterior X) que “La sociedad de la nieve” se centra en el recuerdo de los que murieron en el accidente mientras que “Viven”, la película de Ethan Hawk, en el recuerdo de los que sobrevivieron, tal como indica el título. Rechaza por tanto que “La sociedad de la nieve” sea un remake, porque afronta la aventura desde puntos de vista muy diferentes.
En efecto, es así, aunque yo diría más bien que “La sociedad de la nieve” se centra en el colectivo, en el conjunto de los pasajeros y cómo se convirtieron en un ejemplo de entrega y generosidad hacia los demás.
Cierto es que los muertos tienen importancia, y su implícita generosidad al servir de alimento al resto forman parte de dicha entrega. Aunque, al no ser conscientes de la decisión de ofrecer su cuerpo a los que sobrevivieron no tiene ocasión de manifestarlo como acto de voluntad y no forman parte de los entresijos morales que podrían sustentar el transfondo del mensaje.
Cosa distinta son los supervivientes. Los supervivientes que de forma consciente ofrecen su cuerpo a los demás. Entonces sí, obtendríamos la tesitura moral y el homenaje a los muertos pretendido. Muertos que se sacrificaron, no que fallecieron a causa de la catástrofe aérea.
LOS MUERTOS EN “LA SOCIEDAD DE LA NIEVE”.
Que se diga que “La socie
dad de la nieve” se centra en los muertos no tiene un recorrido argumental más que nombrarlos. Sacarlos a escena y hacer referencia a ellos en las leyendas que incluye la película. Otra cosa son los supervivientes que conscientemente entregaron su cuerpo a los demás. Con el dilema religioso de por medio, además. Eso si tiene un recorrido moral y argumental y, en ese punto, se centra el mensaje de “La sociedad de la nieve”. Es un homenaje a los muertos, pero a los que murieron después de sobrevivir y de plantearse el problema de la supervivencia practicando el canibalismo. No tanto de los muertos que fallecieron inmediatamente después del accidente o en días posteriores cuando aún la alimentación no se había planteado como un problema. La generosidad se expresa y se muestra en estos términos y el homenaje a estos superviviente que fallecieron después tiene mucha más enjundia que el homenaje a los muertos en el accidente.
NO SE ENTIENDE (A VECES)
Sin embargo, hay que destacar un defecto ya muy habitual de las producciones españolas. En su afán de ser verosímiles, de ajustarse lo más posible a una interpretación hiperrealista, en muchas ocasiones no se entiende lo que dicen. Más aún, siendo con un acento extranjero, uruguayo por más señas, con su vocabulario especifico en ocasiones. Esto unido a la dificultad del sonido, según el reproductor y la televisión que tengas, o un HDMI que debe ajustar un especialista. Porque tanto botón no está preparado para un usuario corriente y mucho menos para un “plug and play”.
Tuve que poner los subtítulos de Netflix para enterarme de lo que decían.
Un término medio entre decir el texto entre susurros y murmuraciones, según la situación dramática, y por otro lado la claridad en la dicción, sin que se pierda lo que dice, sería exigible dentro los parámetros a estudiar en las escuelas de arte dramático.
Es un detalle que impide centrarnos en la inmersividad que se pretende.
UN ANACRONISMO.
Un detalle que cabe reseñar, como curiosidad más bien, es el anacronismo que los más perspicaces y viejos del lugar pueden encontrar en la película. En un momento determinado, uno de los pasajeros reza el Padre Nuestro: “Perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”, dicen en su oración. Pero en 1972 ese texto no existía. El texto antiguo
por aquel entonces era “perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.” La iglesia reformó la palabra “deudores” en 1980 porque la gente ya había olvidado su significado antiguo. Fue hacia 1980 cuando se cambió “deudas” por “ofensas”.
Es un anacronismo que, por un lado, se comete tal vez intencionadamente, para que el espectador no se distraiga al oír aquello de “deudores” y se entretengan pensando qué narices está rezando el uruguayo, y no deje de prestar atención a la película. Entorpece, de igual modo, la inmersividad. Aunque tiene una contrapartida en aquellos que recordamos nuestras oraciones de niño y caemos en la cuenta del error. Claro, que seremos los menos.
Sea o no intencionado el anacronismo, resulta curioso.
CONCLUSIÓN.
En conclusión, “La sociedad de la nieve” es una película indudablemente española y rodada por un español. Y lo digo en el mejor de los sentidos. Aún tenemos los españoles la capacidad de llevar el genio de la creación a unos terrenos de profundidad y madurez que no tienen otros países, como en general los americanos, que siempre se quedan a medias tintas cuando se trata de elaborar un mensaje y de dar a luz unos resultados tan humanos y cargados de madurez como en el caso de Bayona. Aunque no hay que despreciar que puedan también americanas ser de gran efectividad, si se piensa en ciertos autores y películas minoritarias. Pero de las grandes compañías y de la industria cinematográfica no cabe esperarse mucho. Suele ser muy insuficiente y precaria en el sentido creativo. No cuentan con grandes productos intelectuales. Y “La sociedad de la nieve” es un ejemplo que te reconcilia, no solo con la cinematografía española, sino con el español en general. Esperemos que esto siga siendo así por mucho tiempo.







VIVEN, John Malcovich ??
En efecto, un error. ¿De dónde habré sacado a John Malcovich? ¿Cómo es posible que se me haya colado? Gracias por «el aporte», como se dice ahora. Un saludo.