HÉRCULES, Festival de Mérida y Verbo Producciones

Moises de las Heras

09/07/2016

Total de lecturas: 1,071 

Coproducción del Festival de Teatro Clásico de Mérida y Verbo Producciones
Representaciones del 19 al 23 de agosto de 2015
Una obra de teatro espectacular, con grandes efectos visuales, humo, un juego de luces muy bien aprovechado, un diseño escenográfico que colma el escenario hasta el último rincón, incluso el patio de butacas, si es que pueden llamarse butacas a los asientos del Teatro Romano de Mérida… “El cerco de Numancia” nos invita a un espectáculo sensitivo, una parafernalia visual donde el texto, antes que contarnos una historia más o menos interesante, se centra en las sensaciones. Porque aunque la historia existe, es el sentimiento que fluye debajo lo que importa. Roma ha sitiado Numancia. Roma quiere apoderarse de un pueblo ibero más y esclavizarlos.

Si el general enviado no consigue esos objetivos, considerará que la empresa ha fracasado. Porque no se trata solamente de vencer y aniquilar sino de vencer sin aniquilar, sometiendo. Si no hay nadie a quien someter, si no hay nada que robar, si no hay gente viva aquí en humillar, Roma no se sentirá satisfecha. Esa es la tesis que captamos desde el primer minuto. Ciertos personajes interesan porque se ofrece de ellos una vida personalizada. Se personaliza el drama en personajes: una mujer embarazada qué sabe que su hijo no vivirá, el amor frustrado de este matrimonio abocado también a la muerte. Un pueblo entero, Numancia, predestinado al dolor, a la sangre y a la exterminación. El pueblo se suicida, se aniquila a sí mismo para vencer. Es la defensa numantina, esa es la batalla histórica que gana Numancia de modo tan singular.

En apariencia, todo este conglomerado de argumental nos haría pensar que nos hallamos ante una obra de gran argumento. Y la tenemos, pero es una obra cervantina, la lectura que debemos hacer es sobre todo sensitiva, del alma. La narrativa, incluso hoy el fondo conceptual o emocional ya lo hemos palpado en alguna ocasión. En un tiempo en el que en televisión se nos ofrecen casos dramáticos a diario, sobre todo en verano, (secuestros, muertes, masacres, injusticias que nos meten en el plato de los macarrones), las conmociones cervantinas nos llegan aún con fuerza, tal vez como las que hubieron de sentir espectadores del XVII acostumbrados a mandar a sus hijos a las guerras. Adaptarlo a nuestro tiempo supone incidir en esas sensaciones. Centrarse en las sensaciones implica que el espectador acuda a la representación buscando esa sensación, apoyada en la estética visual de la puesta en escena que puede que la refuerza o tal vez la embellezca de tal modo que nos haga perder la sensación de crudeza para elevarlo, a través de la imaginería, a un concepto genérico alejándolos del histórico real. El dolor se convierte en estética y la muerte y la sangre en teatralidad. Si gusta o no “El cerco de Numancia” de esta edición 61 del Festival, es cuestión de cada uno, pero hay que saber que quien busque narrativa encontrará un drama clásico teatralizado formalmente al modo clásico, algo conocido. Quien busque conmoverse, dependerá de lo dura que tenga la piel y puede que descubra que el telediario le ha hecho más insensible de lo que pensaba. Quien busque estética de puesta en escena disfrutará. Quien busque teatralidad encontrará escenas inteligentemente llevadas a cabo.

Por ejemplo, el modo en que Numancia se representa con un círculo trazado en el centro del escenario, rodeado por focos. Por ejemplo, cómo el acoso y la sensación de estar atrapado se representa en los personajes numantinos con el símbolo de unas cintas dentro de las cuales los actores se meten para decir su texto. El efecto ya se usó en una obra como Los Justos, en la producción de 661teatro… la cuerda, la cinta que atrapa como analogía de la angustia interior, de la esclavitud interior, ya sea a una ideología o a una situación colectiva vivida en cada persona en …Numancia. Es así como reconocemos el sufrimiento y el agobio de dichos numantinos, al verles atados a estos simbólicas cintas rojas, que representan la sangre y el dolor.

LA MÚSICA
La banda sonora original de esta obra, creada por autores extremeños, es bella y tiene la virtud de adaptarse a la obra como un guante. Es una música ambiental, con regusto antiguo, notas largas, elementos sonoros vanguardistas sin llegar a la distorsión y evocadores de un tiempo antiguo.

LOS ACTORES.
Actuaciones de gran calidad, con una buena dicción más cercana al retiro recitativo que a lo teatral. Hay, dentro de la naturalidad obligada del diálogo, cuando llega el momento del drama una interpretación coherente con el aire antiguo y clásico del texto. La música, reforzando el texto y la interpretación, lleva a esta a terrenos casi cinematográficos con climax trágicos a los que no se tiene miedo desde el punto de vista formal.
EL MENSAJE ACTUALIZADO
Todos somos Numancia. El problema numantino no es un problema de ayer, es un problema eterno. En tres ocasiones a lo largo de la obra, un coro nos recuerda que hoy día también existen tiranos y pueblos oprimidos. Tiranos qué pretenden someter, antes que aniquilar, a pueblos inferiores y más débiles para aprovecharse de ellos, para robarle su oro, para expoliarles, esclavizarles. Está claro, vivimos en una sociedad capitalista, explotadora, donde las grandes franquicias abusan del trabajador y dónde intereses económicos gigantescos de los poderosos someten, extorsionan no sólo a pueblos enteros sino a personas humildes, usted y yo, humildes trabajadores. A través de una proyección de imágenes, políticos actuales, Rajoy, Felipe González, el G20, y también políticos extranjeros más o menos reconocibles de la Unión Europea aparecen como la nueva Roma. Se habla de los recortes, se sugiere Grecia y otras víctimas del poder. La cosa queda indicada, porque no se puede llegar a más, es teatro, aunque invita a completar, a debatir en la conversación posterior en un bar. La cosa es más compleja de cómo se plantea y aunque básicamente acierta, como siempre ocurre con analogías y comparaciones, la metáfora queda diluida en sus particularidades y proyecciones temporales. Tal vez resulta demasiado vasta e imprecisa o tal vez demasiado desajustada. Aunque básicamente acierta.

Conclusión
En conclusión, “El cerco de Numancia” está pensado para el Teatro Romano de Mérida. Fuera de ese entorno, nos queda la duda de si los efectos resultarán. Siempre nos quedará la sonoridad interpretativa, sensitiva, sobre todo de voz, de los actores, como transmisores de un mensaje antiguo, emocional. Dependerá mucho del entorno, fuera del marco para el que fue pensado, para brillen esos efectos, que conformaron un cincuenta por ciento de la calidad de esta producción.

Valoración 6,80

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Lluvia en el mar, (blog literario) por Moisés de las Heras Fernández se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internaciona

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