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«Jasón y las furias», última obra que se representa este año 2025 en el Festival de Teatro Clásico Internacional de Mérida. Una obra de nueva planta basada en el mito mil veces representado en el Festival de Medea matando a sus hijos para dar en las narices a Jasón. El punto de vista esta vez es el de Jasón. Nando López, que es el creador de este drama, se basa tal vez en leyendas menores. Se cuenta la trayectoria del héroe cuando aceptó el desafío de su tío, el rey Pelías. Jasón busca el vellocino de oro y, de paso, la gloria personal. Y se cuenta cómo, finalmente, Jasón desciende a los infiernos para recuperar a sus hijos asesinados por Medea. Igual que Orfeo, que descendió al Hades para recuperar a Euridice. Toda una parafernalia mitológica que pasaré a comentar.
MEDEA Y JASÓN, UN DRAMA DEL COPÓN.
En esta versión, Jasón y las furias, se comienza con un duelo verbal al estilo Pimpinela, lleno de amargura, reproches y mal rollo. Medea y Jasón se echan en cara incumplimientos y engaños, así como chantajes emocionales de modo caótico. Al menos, así es percibido por un observador externo. Como si fuéramos marujas o psicólogos de tres al cuarto que atienden al final del día, ya agotados de oír duelos y quebrantos y con ganas de cenar, aquel pastiche de reproches nos llega como un totum revolutum donde concluimos que ni el uno ni el otro tienen razón.
Suele ser común, cuando dos viejos pelean, que discutan por naderías. Naderías que a nosotros no nos va ni nos viene. En “Jasón y las Furias” Medea y Jasón son dos viejos que marean el observador.
¿ES TRAGEDIA?
Es cierto que, si hemos acudido al Teatro Clásico, estamos dispuestos a ver mitos y leyendas muy complicadas que, en principio, se nos hacen liosas, lejanas y ajenas. Y si estamos allí, aguantando marea, es porque nos interesa.
Aunque la mayoría de los que han venido lo han hecho por turismo, claro. Pero aunque lo hayamos hecho conscientes de que venimos a ver Teatro Clásico, no lo hacemos muy conscientes de que el Teatro Clásico es arduo de narices.
UNA MARUJADA
Pero es que esto es una marujada.
El caso es que Medea y Jasón siguen allí discutiendo como dos energúmenos, echándose a la cara un pasado confuso que nos resulta difícil de comprender. Sobre todo, porque está hilado con gritos, amenazas y odio mutuo.
Como psicólogos aburridos, nos dan ganas de salir pitando de allí. Porque no nos pagan, todo lo contrario. No hemos cobrado, hemos pagado por atender a esa sesión de sofá y libreta en mano, a este enfoque terapéutico cognitivo-conductual, psicoanalítico, sistémico.
O más bien nos cansa porque no estamos acostumbrados a las telenovelas y a las disputas matrimoniales en ellas.
La discusión se alarga sin que un ejemplo plástico destaque y se plante ante nuestros ojos despertando nuestra imaginación. Todo es un debate de historias pasadas contadas con pericia, pero sin genialidad de dramaturgo. La obra se detiene una vez empezada en sus primeros compases. Nos ofrece una imagen estática de discusiones que no avanzan en la trama.
LA PUESTA EN ESCENA AL RESCATE.
Aunque no hemos entendido un carajo sobre lo que se discute y se reprochan el uno al otro, la puesta en escena ayuda
LAS FURIAS
Ayuda con los figurantes, disfrazados con sombreros a modo de carneros que imitan el Vellocino de Oro, representando a las Furias. En “Jason y las furias” son esas furias disfrazadas con amplios abrigos que representan el pellejo del vellocino los que ejercen de coro griego. Ello da diversidad e imagen a la obra. Aunque repito no tenemos muy claro que se reprochan, salvo que Jason ha incumplido su promesa de amor a Medea y se ha marchado con Creúsa y la ha dejado en la estacada. Esto si que lo entendemos y, por un momento, estamos al borde de gritar aquello de “Medea está en mi casa”, como si se reprodujera la serpiente de verano que nos entretuvo este mes de julio.
JASON BAJA A LOS INFIERNOS.
Por fortuna, la obra pega un giro y ese espacio indefinido donde se desarrolla la disputa toma forma. Debido a la magia de Medea, Jason baja a los infiernos por voluntad propia para recuperar a sus hijos asesinados. Narrativamente era interesante situar en un espacio y un lugar la disputa, pero al no saber muy bien donde se desarrollaba, por algún detalle en la puesta en escena o en la propia narración, aburría. Únicamente sabíamos que ella estaba en Corinto y iba a ser desterrada por el rey Creonte. No percibíamos con fuerza suficiente el espacio escénico donde discutían, donde estaban.
Al aparecer el Hades, con cambios de luces ingeniosos, nos da la impresión ahora de que nos hallamos en un nuevo espacio escénico. La obra empieza a tomar forma, a variar, a hacerse más visual y, por tanto, empieza a interesar. De un espacio ambiguo e indefinido pasamos a un espacio concreto con una misión concreta del personaje.
Se enfrenta allí a las furias, que siguen presentes, puesto que son seres mágicos y ponen condiciones. Hay condiciones. Jasón ha de adquirir el derecho de ser juzgado y tal vez sentenciado favorablemente. Allí se encuentra con Polus y Orfeo, y este momento es narrativamente más interesante.
También lo es desde el punto de vista la puesta en escena.
LA PUESTA EN ESCENA. LUCES, MÚSICA Y SFX
Lo más sustancioso de “Jasón y las furias” es esa puesta en escena, como digo. Sobre todo, la intervención de luces que afectan al público a través de rayos que se simulan y que insinúan un ambiente marítimo. Música que no que se queda en un segundo plano. Sound effects, música, cambios mínimos en el decorado pero lo suficientemente vistosos. Un uso muy dinámico de todos estos recursos junto con los módulos móviles y las elevaciones donde se sube Creonte para condenar a Medea o se sube también Jasón para ser ajusticiado, dando la elasticidad y dinamismo a la obra.
SUGERENCIAS INTERESANTES.
La obra cuenta con sugerencias interesantes de las que me gustan a mí. Por ejemplo, el conjuro de Medea, hechizando un vestido que le piensa regalar para su boda a Creúsa. Para hacerlo, recita un hechizo con resonancias al conjuro de la madre Celestina y estos sutiles guiños me complacen enormemente. Son perlas ocultas que gusta descubrir, como si la obra fuera un “escape room” lleno de misterios culturales.
Podemos hallar en los estudios de Julio Caro Baroja, “las brujas y su mundo” rituales para hechizar vestido con fines amorosos. En concreto Caro Baroja documenta cómo en la Europa de los siglos XVI y XVII se creía que las brujas o hechiceras podían “ligar” o “atar” voluntades mediante objetos personales (cabellos, camisas, pañuelos, cintas). En fin…
INGENIO Y EFECTOS ESPECIALES EN JASON Y LAS FURIAS.
Interesante es también la inteligencia de la puesta en escena. Otra de las perlas ocultas, como ya hemos advertido, son los cascos de cuerno de carnero y los abrigotes amplios, imitación sugerente y elegante del vellocino de oro, que no es otra cosa que una piel carnero. “Las furias son vellocinos de oro”. Se ve la habilidad e inteligencia en el diseño a la hora de idear la imagen. Y también la inteligencia y profesionalidad cuando Medea mata a Creúsa, soplando polvos que destacan por el efecto de las luces. También la coreografía, cuando Jasón mata a Pelias. O la simplicidad y efectividad del efecto cuando Jasón, volviendo al pasado, roba de nuevo el vellocino, enfrentándose otra vez al dragón, esta vez despierto. Simple e inteligente, como digo, el uso de focos rojos iluminándose en el acto del enfrentamiento. O como aparecen dos Jasones en escena a la misma vez, el joven del pasado y el actual del presente.
Como siempre digo en estas críticas teatrales, el mayor aliciente que puede darse a una obra que cuenta leyendas griegas trasnochadas es apoyarse en la puesta en escena. Y esta puesta en escena es una apuesta ganadora.
EL MENSAJE DE FONDO.
Pero aparte de la puesta en escena, si queremos hacer interesante una leyenda trasnochada, debemos, sobre todo cuando estamos hablando de obras de nueva planta, conseguir que la historia además contenga un mensaje. Un mensaje modernizado, aunque se tenga que alterar la leyenda.
El mensaje en esta obra interesaría si fuera más contundente y cercana al espectador del siglo XXI.
LAS PRUEBAS DE HÉRCULES EN “JASON Y LAS FURIAS”.
En “Jason y las furias”, el pobre Jason, en su desesperado e imposible intento de recuperar a sus vástagos, (interpretación Vástagos son los hijos, claro) desciende al Hades y se somete a las pruebas de las furias. Se trata de que se enfrente al pasado y corrija los fallos en una nueva oportunidad imaginaria que se le concede, para deshacerse de la mentira que le condujo a tal desgracia. Es un planteamiento atractivo desde el punto de vista narrativo. Enfrentarse a los fallos que tuvimos y a las mentiras que causaron nuestra desgracia es algo que puede llamar la atención del público actual.
¿MENTIRAS O VERDADES CADUCAS?
Y la primera mentira nos enfrenta a la dicotomía interesante de los jóvenes que prometen cosas que, una vez pasado el tiempo, no pueden cumplir. Jason se dirige al público y les reta a reconocer que, en algún momento, todos mintieron cegados por la pasión para conseguir a su amada. Pero esa mentira no fue tal. Prometieron cosas que no podían cumplir cegados por el amor, creyendo realmente que su amor iba a ser eterno, y si mientes creyéndote tu propia mentira en realidad no mientes. Y esa dicotomía psicológica nos interesa. Es un mensaje actual donde las verdades no son blancos y negros, sino que esconden una amplia gama de grises. Las gamas de grises son interesantes porque plantean retos al espectador para que él las resuelva.
RECTIFICAR EL PASADO.
Jason tiene el reto de rectificar el pasado y también se enfrenta a su madre y a los errores que cometió. En su día decidió mal. Su deseo de gloria se enfrentó a la recomendación de moderación de su madre. Pero como el mismo Jason advierte: “¿quién rechaza la gloria cuando eres joven? ¿Quién no es ambicioso? y ¿qué pecado hay en serlo cuando se es joven? ¿Qué humillación sufriría si rechazara el riesgo y se sometiera a una vida más reposada y cómoda?”. Otra cuestión interesante.
HACÍA FRÍO.
El problema es que «hacía frío». La obra era muy larga para dos mensajes interesantes que había y mucha parafernalia de matrimoniadas. Eso sí, nos entretenía la puesta en escena. Pero dándose la obra un jueves después de trabajar toda la jornada… eran condicionantes que influían en la recepción. Estaba cansado, era jueves, hacía un vientecillo desagradable, yo no había traído una chaquetita y… fue mi caso particular.
El enfrentamiento del joven Jasón, recordando su juventud, y la muerte de su tío, se me fue… del presupuesto. No me enteré muy bien, porque la obra era en cierto modo pesada.
Pero he de reconocer que la puesta en escena, las imágenes de aquellos niños llamando a su padre con las voces en off y sus figuras proyectadas en imágenes cinematográficas sobre la vela del barco creaban una sensación impresionante.
LOS ACTORES.
¿Y qué decir de los actores, principalmente Jasón y Medea, José Vicente Moirón y Carmen Mayordomo, sin desmerecer al resto? Actores profesionales, con un gran trabajo por delante. Modulación de las voces y contención, mezclada con interpretaciones que fluctuaban entre el grito y el susurro. Cambios de registro muy bien modulados que no llegaban al espectador de manera especialmente chirriante.
En definitiva, una obra con sus luces y sombras, más luces que sombras que cerró el Festival internacional de Teatro Clásico de Mérida este año 2025.
En otros años, en otras ocasiones, abordaremos obras de teatro del Festival si Dios nos da salud, o si Júpiter o Zeus o los Hados del Infierno nos permiten asistir otro año, 2026, al Festival.







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