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Cómicos de Roma, nueva obra representada en el Festival de Teatro Clásico Romano de Mérida. 2026. Bueno, digo romano por decir algo. Porque la obra es de David Mamet.
DAVID MAMET.
David Mamet está considerado como uno de los mejores dialoguistas americanos. No dramaturgo, sino dialoguista. Es decir, que el tuya mía de los personajes los maneja a las mil maravillas. Eso dicen. Y he comprobado en mis propias carnes que es así, porque yo representé y dirigí en mis tiempos de director de teatro del grupo El Candil de Talavera de la Reina una obra de este autor. Una obra que me gustó y llevé al teatro representando a uno de los personajes. Glenn Garr, Glenn Rose, Éxito a cualquier precio” donde yo interpretaba el papel de Jack Lemmon y además, como digo, dirigía la obra. Me gustó en su teatro dramático y reivindicativo.
MÁS SOBRE MAMET.
Pero no sé más de David Mamet. Me gustó aquella obra en la película y la llevé al teatro, nada más. La obra en sí misma podía ser analizada con vistas a la puesta en escena sin necesidad de conocer las inquietudes de David Mamet como dramaturgo.
Pero a pesar de que David Mamet es un dramaturgo reconocido internacionalmente, “Cómicos de Roma” no da resultado. No sé si es debido a esta versión, a las expectativas que se esperan del Festival de teatro clásico de Mérida o de la adaptación a dicho marco. Pero la obra es como el Petit Suite con foie grass. El foie grass está bueno, el Petit Suisse también está bueno pero, como dice el chiste, no te,s una rebanada de Petit Suisse con foie grass. Pues lo mismo.
“CÓMICOS DE ROMA Y DAVID MAMET”
David Mamet y su reivindicación puede estar bien sin adaptarla al teatro romano y las obras que se representan en el teatro romano tienen un estilo. Pero a mi parecer se ha pretendido la fusión y se han mezclado churras con merinas.
>Porque en el trasfondo de lo que vimos el pasado día 6, que fue cuando fui yo a ver la obra, se detecta la trama ingeniosa y la reivindicación mostrada, pero no explícita, de David Mamet al poder; pero de ningún modo se ve el espíritu del festival.
Un espíritu por otro lado polémico pero innegable, imprescindible hasta que no se encuentre otra fórmula y otro modo de plantearlo.
MENSAJE DE FONDO.
Así David Mamet nos advierte de que el poder es voluble y caprichoso y la base social empobrecida como son el colectivo de actores está en mano de dichos zarandeos según se le antoja al César. Ya asistimos por ejemplo, en Glen Garry Glen Rose, la ambición desmedida de unos chupatintas que se aprovechaban de la ingenuidad de los clientes, engañándoles para sacarles el dinero. Chupatintas que a la vez eran esclavos de un poder económico superior.
Aquí lo mismo. El César caprichoso juega con la vida y los sueños de unos miserables que se buscan las habichuelas para salvarse como pueden mientras un poder imperial, que nunca aparece en escena, representado por esbirros, decide perdonar o condenar según le sale del orto.
El pobre miserable, dominado por las altas jerarquías, es el leif motive. Es el mensaje de fondo que transmite David Mamet y que transmite el 95% de los escritores de todo género, ya sean dramaturgos, novelistas o poetas. El pobre contra el rico, el fuerte contra el débil y la denuncia correspondiente.
MENSAJE DILUIDO.
Pero el mensaje se diluye en una adaptación que pretende a toda costa destacar una comicidad para la que David Mamet no es muy hábil, que digamos. Porque el mensaje se come la comicidad. Le importa más el mensaje que la comicidad y además los chistes y el juego de palabras e intenciones no es muy sorprendente, que digamos.
COMICIDAD E INTERPRETACIÓN.
No sé por qué eché de menos una comicidad más agresiva que me hiciera reír de verdad. un juego más ingenioso que, pese a todo, puede ser posible si recordamos que existe el humor surrealista de los hermanos Marx o, en su defecto, de Tip y Coll. No sé si quedaría como un cristo con dos pistolas este estilo aplicado a “Cómicos de Roma”, pero ya digo que no puedo justificar por qué lo eché de menos mientras asistía a la escasa comicidad de la obra. Tal vez simplemente echaba de menos alejarme del mensaje manido y acercarme a la comicidad. Estaba en ese modo ese día. también influye.
FERNANDO TEJERO.
O tal vez la culpa, o más que la culpa, la causa de que deseara ver otra cosa y no lo que estaba presenciando la tuvo Fernando Tejero, en su papel protagonista.
Strabo es el cómico que lleva la batuta y noté dos cosas en su interpretación. La primera de ellas es que Fernando, lejos del “poquito de por favor” que le hizo viral de aquel portero de “Aquí no hay quien viva”, donde era más joven y repentizaba mejor, en el teatro resulta más plano. No tiene la ductilidad ni física ni tampoco de registros de voz como otros actores que han pasado por aquí. Sin ir más lejos, le gana en calidad incluso Carlos Sobera, que destila una seguridad más recia y plantada en el escenario y a la hora de decir el texto. Y sobre todo Pepe Viyuela, del cuya extraordinaria actuación aún me estoy recuperando.
COMPARACIÓN DE ACTORES
Si lo comparo con mi interpretación del personaje que hacía Jack Lemmon en Glen Garry Glen Rose hace ya 15 o 20 años desde luego que yo quedo muy por debajo.
Pero Fernando Tejero no ha cultivado sus movimientos y expresiones para llevarlos a otro lugar e intercambiarlos con sus movimientos orgánicos. Cada actor es cada actor y exhibe su personalidad sobre las tablas, pero hay actores capaces de adoptar nuevos registros, trabajarlos, desarrollarlos y explotarlos y combinarlos con los suyos orgánicos.
>Fernando Tejero es más monótono y plano y los personajes que interpreta —al menos —este— quedaría en un bostezo si no fuera porque la adaptación tiene ciertas virtudes.
DIFERENCIAS ENTRE UN GRAN ACTOR Y UN ACTOR MEDIANO.
Les dejo aquí la diferencia entre un gran actor u otro mediocre en una sola frase que me enseñó mi director de teatro. Cuando estás viendo una obra y ves al personaje, ese personaje está siendo interpretado por un gran actor. Si ves una obra y vas a un actor interpretando al personaje, estás ante un personaje mediano. Grábenselo a fuego y utilicen esta prueba del algodón para distinguirlos. Se ven al actor interpretando, por bien que lo haga, no es un gran actor. Puede que sea pasable, incluso bueno, pero no grande. Si se olvidan de quien lo está interpretando y ver al personaje solamente, es un gran actor.
En “Cómicos de Roma” veías a Fernando Tejero haciendo de Strabo. En “Timón de Atenas” ves a “Timón” te olvidas de Viyuela, solo ves a “Timón”
LA ADAPTACIÓN DE CÓMICOS DE ROMA.
Pese a lo dicho sobre la baja comicidad de David Mamet, la adaptación de “Cómicos de Roma” aplica ciertos recursos y técnicas que vivifican la obra. En realidad, es la adaptación, en parte, quién la vivifica y en parte tal vez la estructura misma de la obra, pero los recursos funcionan y son los siguientes.
PERSONAJES BIEN CONTRASTADOS EN “CÓMICOS DE ROMA”.
Elegir bien a los personajes y que exhiban un perfil muy diferente unos de unos es el ABC de la dramaturgia, y creo yo que el mérito hay que dárselo a David Mamet. Creo.
>En el bloque de los héroes hay personajes bien contrastados, como el borracho, el niño, el criado y el propio Strabo como director de la compañía. Todos son diferentes entre sí. En la otra esquina, con mucho más peso y más poder, los ricos, divididos en legionarios, ricos mercaderes, avaros y carcelero, todos diferenciados. Diferenciados entre sí, y un bloque de otro, que es lo importante, para dar ductilidad y amenidad a la obra. En esto se ve que David Mamet es buen dramaturgo.
TRAMA CONSISTENTE PERO MEDIANA
Y también en la trama, donde a cada paso surge un nuevo capricho y una nueva circunstancia que libera o condena a los presos a muerte. En esto también Mamet pone su mano. Pero, por lo demás, más allá de estas sorpresas argumentales, pocos chistes y pocas bromas. Acaso las que se tiene con el niño, abusando del chiste de los requerimientos amorosos de Strabo hacia él. Gracias a la interpretación del niño se sostiene.
>Pero hay un personaje que podría haber sido mejor explotado a nivel de adaptación o dar más juego a nivel del argumento presentado por David Mamet. Es el borracho que, para desgracia de la obra y de las expectativas de quien asiste a la representación, tiene poco texto, poca intervención y poca influencia, al menos verbal, en el desarrollo de la historia. Podría haber sido más socarrón y rebajar la crudeza de lo que se planteaba a unos niveles castizos, pero no se explotó.
EN CONCLUSIÓN
Y, en fin, esto es lo que tengo que decir, en resumen, de “Cómicos de Roma”, quizá la obra más floja de las vistas hasta hoy en dicho Festival, no siendo del todo mala, teniendo en cuenta que no pude asistir a “Bacanal”.
Aun así, un trabajo no del todo despreciable, pero con muchas carencias, como se ha visto en este artículo.







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