Las nueve musas

Moises de las Heras

07/09/2026

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LAS NUEVE MUSAS, última propuesta de este año 2026 en el Teatro Romano de Mérida con motivo de su festival de verano. Con esta obra concluyen las distintas propuestas llevadas a cabo por distintos grupos. Y antes de hacer un pequeño balance, al final merece la pena que hable, aunque sea brevemente, de Las nueve musas.

SIN ESCENOGRAFÍA.

Sin que destaque precisamente por su escenografía, Las nueve musas nos sitúa en la actualidad, con referencias, eso sí, al mundo antiguo. Unos cuantos módulos de baja altura de color blanco situados repartidos en las tablas del escenario, y nada más. La representación discurre visualmente con juego de luces y un sonido bien modulado, puesto que se trata de bailarinas y cantantes, además de actrices, que combinan los números musicales con intervenciones teatrales. El pequeño argumento es muy básico, puesto que se tienen que dedicar a cantar y bailar y el tiempo no da para más.

Lo que sí observo es esa sencillez que luego se enriquece con efectos de luz. El resultado visual, a medida que discurre el espectáculo, es un poco sucio en la dirección escénica.

UN POCO SUCIO

Los músicos en primer plano interfieren a menudo con entradas y salidas por el foro, así como elementos de atrezzo que sacan las actrices al escenario de una forma poco estética. Me estoy refiriendo a las bolas que simbolizan a la humanidad y que van cambiando de tamaño a medida que las edades del hombre van aproximándose a nuestro tiempo.

El planteamiento escénico, ya digo, no es muy limpio. Da la sensación de un pequeño revoltijo de muchachas allí arriba sobre el escenario. Estará medido, no digo yo que no, pero da la impresión es estar dirigido desde el propio escenario y no desde fuera. El director escénico debería haberse dado cuenta de la impresión sucia que destila la imagen. Si lo hubiera visto desde el patio de butacas, lo percibiría.

EL HÁNDICAP O, POR MEJOR DECIR, LA DIFICULTAD EN LAS NUEVE MUSAS.

La desventaja con que lucha el escenógrafo y el director de escena son las necesidades sonoras. Para hacer que la música en directo ofrezca las condiciones necesarias hay que sacrificar la estética o amoldarse a la funcionalidad que la técnica requiere. Esos elementos técnicos hacen inviable que dicha puesta en escena juegue, como en otras obras, con un recinto vacío que manipular. Se encuentra el escenógrafo muy limitado. Pero, aun así, dirigir a los actores en su movimiento escénico debería haberse cuidado más.

MÚSICA Y CANCIONES.

No soy un experto musical y no puedo juzgar si cantaron bien o mal. Yo sería incapaz ni siquiera de mantener la respiración en esos niveles y potencia en la expiración propia de gente joven y bien entrenada. Las nueve cantantes o nueve musas, cada una en sus facultades, hicieron alarde de lo que sabían.
Vi entre el público a una persona que tal vez fuera más experto que yo a la hora de juzgar este particular. A mí me gustó, pero no soy un entendido y no me voy a meter. Me gustó, solo digo eso.

LOS NÚMEROS MUSICALES.

Salvo alguna referencia musical y también textual a determinadas canciones como La Macarena, el reguetón de La gasolina y alguna otra, todas eran canciones creadas para el espectáculo. Como es lógico, por otro lado. Tampoco me voy a meter en la calidad de esas composiciones porque tampoco entiendo de ellas, con lo cual este análisis va a ser muy breve. O tendría que serlo. Se reduce simplemente a la parte teatral del espectáculo, eludiendo la parte musical. La música era un 70 % y en esas aguas no conviene bañarse siendo un inexperto.

LAS INTERPRETACIONES.

Sí haré una pequeña referencia a las interpretaciones teatrales intercaladas entre número y número musical. Dichas intervenciones estaban muy ensayadas y bien dirigidas por parte del director artístico. La juventud de las intérpretes y la cadencia moderna soltando texto a todo meter impregnaban el espectáculo de un dinamismo muy vital. Había mucha alegría y mucho feeling en todas ellas, y eso se transmite.

Las nueve musasSoltar texto a todo meter parece ser el modo moderno de encubrir cualquier defecto que pudiera tener el actor a niveles interpretativos. Es una tecnología heredada de los Reels y los TikToks donde, si eres muy pausado, haces scroll. Cosa que critica la obra, sin darse cuenta de que la técnica teatral también se ha integrado y ha sido afectada por la tecnología.

LA TECNOLOGÍA ANTES DE LA TECNOLOGÍA Y DE LAS NUEVE MUSAS.

Recuerdo a Andrés Amorós, a cuyas clases asistí, diciendo mucho tiempo antes de que existieran internet y los teléfonos móviles que la sociedad había cambiado. Antes, podías empezar una novela describiendo Madrid desde lo alto. Centrarte en un barrio, luego en un edificio, en un portal y tres páginas más allá en Fortunata comiéndose un huevo en una escalera, tal como hace Galdós en Fortunata y Jacinta.
Hoy no podrías hacer eso porque aburrirías; tienes que ir al grano: «El día que le iban a matar, Santiago Nasar…». Así tienes que empezar hoy la novela. Era el consejo de Andrés Amorós, antes de esta fiebre tecnológica de internet, el WhatsApp y la inteligencia artificial.
La sociedad era distinta ya mucho antes de que la tecnología llegara.
La técnica teatral también empezaba a evolucionar, en este sentido de «ir al grano» y captar la atención de una manera más rápida y contundente con la cadencia moderna de dicción. Somos hijos del siglo XXI y principios del XX, y eso no lo podemos evitar.

EL MENSAJE.

Las nueve musasHilo el comentario del apartado anterior con el tema del apartado presente referido al mensaje. Y también lo hilaré con el mensaje global o los mensajes lanzados a lo largo del festival y, en general, en cualquier obra de teatro en este tiempo.

El mensaje en «Las nueve musas», en apariencia, se refiere a cómo hemos malinterpretado y usado de modo tóxico lo que nos ofrece la tecnología; cómo la música y el arte ya no lo crea una persona de manera artesanal. A fuerza de valerse de la inteligencia artificial y las aplicaciones, las creaciones ya no son humanas. Están prediseñadas.

EL SER HUMANO Y LA IA, EN LAS NUEVE MUSAS.

Ya no escribe el escritor, escribe la IA. Ya no dibuja un pintor. Las empresas que se dedican a hacer imágenes por inteligencia artificial ofrecen en un minuto un resultado satisfactorio para el cliente y mucho más barato. Incluso gratuito. Frente al artista gráfico que dedicaría días o semanas, incluso meses, en hacer lo mismo.
El arte, en definitiva, le ha sido arrebatado a los hombres para ser trivializado por las máquinas, manipulado en sistemas tecnológicos que son siervos y esclavos de empresas. Un sistema unificador, manipulador, que resta individualidad y libertad de decisión al consumidor y al creador.

¿LIBERTAD INIVIDUAL?

Las nueve musasSe aboga por la libertad del individuo, que tenga sus propias opiniones, que proteste y patalee cuando no le guste algo, y que no se someta como un borrego al rebaño tecnológico. Que sea distinto, que no tenga miedo a la individualidad. Se nos acusa de ser conformistas y aplaudirlo todo, de haber anulado nuestro espíritu crítico; se nos invita a salirnos del rebaño de voces que claman todos a una. Y eso está bien si se quedara ahí.

Pero el problema es que, acto seguido, se nos lanza varias ideas supuestamente revolucionarias, como es el liderazgo horizontal, el colectivismo colaboracionista con resonancias anarquistas. De igual modo, se nos lanza la idea de una cultura machista dirigida por el hombre y una reivindicación de la mujer como creadora.
Incluso alguna actriz en su papel llega a decir que debería «equilibrarse la balanza». Incluso se critica a los hombres que se ponen seudónimos femeninos para tener más venta en sus novelas. No sé qué opinará Carmen Mola, los autores de La Bestia, respecto a este particular.

DISIDENCIA Y CONTRADICCIÓN.

Es decir, que por un lado se nos está invitando a pensar por nosotros mismos, a salir del rebaño, y a continuación se nos ofrece una batería de opiniones correctas que debemos asumir.
Debemos asumir el rechazo a la tecnología, el rechazo a la discriminación de la mujer y, no solo eso, sino el activismo feminista.

LA CALIDAD FRENTE AL FEMINISMO

Las nueve musasPero yo me pregunto que si, estando de acuerdo en la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer, uno piensa fuera del rebaño y llega a la conclusión de que, pese a todo, el arte debe reivindicarse usando el baremo del mérito y la calidad en el resultado y no en el sexo de quien lo produce, ¿eso ha de ser discriminación? Uno se pregunta si el hombre que se pone seudónimo femenino para vender muchas obras no está respondiendo a lo que los tiempos exigen y a la tendencia a comprar a las autoras por encima de autores, por esa discriminación positiva que es trending topic hoy día. ¿Pensar fuera del rebaño no significaría también llegar a estas conclusiones?

EL MERCADO Y EL FEMINISMO

Charlotte Brontë y otras muchas mujeres en su tiempo se pusieron nombres de hombre para vender mejor su obra. Así, se puso Currer Bell, nombre masculino, porque si no, no vendía. Y este movimiento de hoy, como el de ayer, ¿no es respuesta contra lo que la moda impone? ¿No responde a motivaciones crematísticas, para vender más, digo, y no necesariamente a una actitud machista? Pregunto yo, desde fuera del rebaño.
Porque desde dentro del rebaño se puede ser feminista así, a grosso modo. Y con argumentos tipificados de los que uno no se puede salir sin ser criticado.

LA LIBERTAD CARA Y LA LIBERTAD GRATUITA.

Se puede abuchear y patalear una obra que no te guste de un autor (masculino) que no sea progresista. ¿Sale gratis esa libertad? ¿Te aplauden incluso si lo criticas? Si, al parecer.
Pero ¿se puede abuchear y patalear una obra que no te guste de una creadora bienpensante? ¿Qué precio hay que pagar entonces por esa «libertad»? ¿También es gratis? ¿O no sale a cuenta?
Las nueve musasSi criticas a una artista que esté a la moda y que pertenezca al 90 % de artistas clónicos, ¿no lo pagas con el ostracismo y la cancelación? Pero, esos artistas que piensan todos de una manera ¿no están dirigidos desde un poder generalmente político que los manipula, sin que ellos se den cuenta?
¿Se puede criticar a ambos por igual, como individuo que está fuera del rebaño y piensa por sí mismo? ¿O ese pensamiento está alejado de lo que debe pensarse y es popular «decir» hoy día? No sé, pregunto.

BALANCE DEL FESTIVAL DE MERIDA 2026

Y engarzo aquí con el mensaje de las diversas obras traídas al Festival de Mérida. Últimamente no veo mucho teatro, aunque debería hacerlo; pero principalmente porque el mensaje es siempre el mismo. Suele ser clónico. Todas dicen lo mismo. Todos reman en la misma dirección, todos llegan a la misma conclusión. El resultado que puede sacarse de meditar, que no pensar, en lo que te han dicho en esas obras, es uniforme. Siempre dicen lo mismo. Es muy difícil transmitir una idea diferente o matizada que se salga mínimamente de la ideología preestablecida y predeterminada por parte del 95 % de los creadores, al menos de este país, y eso es contradictorio con lo que se suele comentar de «ser libres» y «pensar por nosotros mismos.»

EL MENSAJE DE LAS OBRAS DE TEATRO EN LA ACTUALIDAD.

Las nueve musasCuando todos a una, como Fuenteovejuna, defienden lo mismo, con la misma falta de matices, todos a la vez, es muy difícil ser disidente. Porque ser disidente te puede condenar a la polarización. Y es algo en lo que no conviene meterse. Porque la tecnología misma niega el algoritmo te empeñas demasiado en ser disidente de lo establecido. Y sin embargo te favorece si repites la misma idea que está repitiendo una y otra vez en diversos foros el 80 % del rebaño. Y no quiero especificar más.

CAMBIAR DE REBAÑO.

Pero llegará un día, cuando pase toda esta fiebre, en que nos demos cuenta de que los espectadores, y también los artistas y todo el mundo en general, eran víctimas de aquello que acusaban: de una ideología «correcta» que debías aceptar sí o sí. Si no, te condenaban al ostracismo. Pero han de soplar nuevos vientos para que nos demos cuenta de ello.
Claro que cuando soplen esos nuevos vientos, soplarán en dirección contraria y tendremos el mismo problema, salvo que a la inversa. El que quiera entender, que entienda, o el que pueda.

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