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Métodos de lectura rápida ¡¡puag!!
Existe una moda, yo diría que una obsesión, por la lectura rápida. Existen manuales y cursos de pago que proponen un método para ejercitarse en la “supuesta habilidad” y, así, puedas devorar muchos libros en poco tiempo. Conscientes de que tenemos poco tiempo y de que la vida es corta, y, además, por la cantidad de tareas que se nos imponen desde todos lados, ha hecho fama entre las gentes. Un método para ser más competitivos aumentando nuestro conocimiento. Leer lo más rápidamente posible. métodos de lectura rápida ¡¡puag!!
SER COMPETITIVO
El hombre moderno, que desea ser competitivo e individualista en este siglo XXI, debe usar métodos de lectura rápida. Debe ser devorador de muchos libros porque es lo que más se valora en el primer mundo, la cultura. Y para devorar muchos libros debes leer muy rápido.
LA LECTURA RÁPIDA, UN INSTRUMENTO DE PODER.
Entre todos los requisitos que la sociedad valida, leer mucho es oportuno para ser considerado un buen ciudadano. Leyendo mucho serás más culto, cuestión imprescindible para estar en lo alto en la pirámide de Maslow. Quien tiene más lecturas, tiene más conocimientos; quien tiene más conocimientos tiene más razón y, por tanto, manda. Tiene más derechos para mandar porque tiene más argumentos, por el hecho de haber leído, y más datos, sacados de los libros.
El lector rápido es más poderoso porque lee más y es “mejor”, en esta sociedad de la postverdad. Adquiere más prestigio. La cultura sirve para alcanzar autoridad e imponerse sobre los otros. No para otra cosa.
EL OTRO OBJETIVO DE LA LECTURA RÁPIDA.
Esta disciplina de leer más rápido no responde una verdadera ansia de cultura, a la finalidad de lograr un enriquecimiento personal y privada, en exclusiva. Se entiende como una estrategia para triunfar ante los otros. Así se vende. Para no quedar menospreciado y pertenecer, como mínimo, a la mayoría competitiva que rige el orden social. Leer más rápido, tener más lecturas, más cultura, colocarse en lo alto, en la cima.
Quizá, por si hubiera otros que tuvieran un objetivo distinto, se añade que también sirve para el enriquecimiento personal, sin especificar. Pero el atractivo principal es el otro, el de destacar. Los que no leen son menos sabios y, en consecuencia, disponen de menos méritos y herramientas cuando compiten por un puesto, ya sea laboral o simplemente un prestigio que les haga descollar sobre otros.
LA REALIDAD DE LA LECTURA RÁPIDA .
Y uno cae en la trampa y compra un libro de lectura rápida para aprender la técnica del “devorador de libros”, y descubre no sé qué sobre la mitad de la palabra y el desplazamiento de la vista sobre el papel, que más parece una técnica de pulsar botones en un videojuego que disfrutar y aprender. Vas acumulando páginas y páginas como un “gamer” en un “Gaming Challenge” del Dota 2 o del Fortnite que mata marcianitos armado de un puntero, sin enterarte de lo que lees, ocupado como estás en avanzar.
Se supone que adquieres así más conocimiento y disfrutas más de las novelas, pero en realidad, no es así.
¿QUIÉN QUIERE LEER MÁS RÁPIDO?
Imaginemos a un lector que ha superado todos los niveles y se ha coronado como “pro-gamer” de la lectura rápida. Puede leer cinco libros en una semana. No sé si esa es la media. Imaginemos que sí. Bueno, ¿y qué?
Desde que leyó el primer libro el lunes a este último que ha devorado el viernes son cinco, uno por día y, si continua a este ritmo, devorando cinco libros por día, ¿quién es capaz de recordar todo lo que leyó? ¿Y cómo lo leyó? ¿Con qué nivel de profundidad? Ahora bien, también digo que ¿quién se atreve a toserle?
¿Quién es capaz de acumular y retener tanta información en un mes, en seis meses, en un año, adquirida a velocidad de crucero, sin reflexionar? métodos de lectura rápida ¡¡puag!!
Acumular por acumular. métodos de lectura rápida ¡¡puag!!
Acumular por acumular, sin dar margen a la reflexión, aturdidos, atolondrados, embriagados por una especie de obsesión numérica y sin sentido alguno es, en sí mismo, una tragedia. La tragedia del hombre desesperado por competir, por parecer culto, por sobreponerse a los demás, por escalar la inmensa montaña de miseria de la ambición humana.
La lectura rápida es, poco más o menos, que comida rápida. Comida de fácil consumo, comida que se prepara en cinco minutos porque hay que salir corriendo, de estampida, a otro lugar donde se nos reclama. Pero contra el Fast Food, está el Slow Food.
La comida que se disfruta sin tiempo, saboreando cada bocado alrededor de una chimenea o en una sobremesa, en agradable compañía, con gente que vale la pena. El placer de disfrutar cada mordisco con lentitud y no perderse un solo detalle del festival de sabores que se produce en el paladar con la comida de calidad y, a continuación, tras el café, una vez acabado el festín, detenerse a reflexionar sobre leído, sobre lo que se ha conversado. Difícil de obtener tal placer ante una hamburguesa reseca, bañada de vinagre con tomate.
LOS LIBROS, IGUAL. métodos de lectura rápida ¡¡puag!!
No estoy en contra de la lectura rápida. Quien quiera leer mucho, que lo haga. Probablemente con el método de lectura rápida avanzará muchas páginas cada minuto, de tal modo que, al final, se acabe pareciendo al robot de aquella película que leía cómicamente a velocidades extraordinarias. “Cortocircuito” se llamaba, el antecesor de Wall-E. Pero me resulta difícil concebir un lector de filosofía que se machaque la “Crítica de la razón pura” en una tarde sin tener la decencia de pararse a reflexionar en cada una de las propuestas de Kant. ¿En qué medida puede decirse que un lector de lectura rápida ha asimilado el libro que se ha leído en una tarde?
LOS LECTORES CRÉDULOS.
Los lectores de lectura rápida suelen pertenecer a un colectivo crédulo que se ha comprado la mandanga de las habilidades del método porque piensa que eso es lo bueno, lo fetén, lo chachi piruli. Imagino a un lector de lectura rápida obligándose a machacar páginas y páginas casi por obligación. Le imagino angustiado porque se ralentiza su lectura y eso no puede ser. Sería más cómodo para él ir a su ritmo.
Le resultaría más placentero abordar a Machado y sus “Campos de Castilla” con la serenidad que merece el texto y un entorno apropiado, campestre, mesetario. Pero le veo en mi imaginación como un abanto, como un desesperado que acumula palabras e intenta retenerlas a la vez que deglute, como si tuviera la obligación de tragar esa hamburguesa sin masticarla.
Entiendo, por el contrario, a un lector de lectura rápida ante un texto sin belleza alguna y sin grandes profundidades en lo que cuenta, tragando como un pavo, sin masticar capítulos a la vez que los pasa por el filtro de su conciencia para enterarse de lo que lee, en un doble juego imposible: enterarse y leer a velocidad de crucero.
LEER SIN ENTERARTE. métodos de lectura rápida ¡¡puag!!
Porque, al fin y al cabo, el propósito de leer es que llegues al final del libro enterándote. Que te haya dejado huella intelectual y sensible en tu mente. Y supongo que los métodos de lectura rápida abordan también este problema, pero veo que ello puede ser efectivo con textos sin belleza y de fácil comprensión. Entonces, puede que resulte eficaz, no lo pongo en duda.
Lo que sí pongo en duda es que la profundidad de algunos versos pueda disfrutarse sin detenerse un punto, sin paladear el vocabulario, la sugerencia que transmite esa metáfora y que todo eso pueda hacerse pasando de inmediato al siguiente verso, como quien conduce por una autovía a 160 y presume de haber visitado los pueblos de España, cuando en realidad ha pasado como una exhalación por ellos.
Reconozco que soy incapaz de traicionar a Machado con el método de lectura rápida como si Antonio Machado fuera un escritor aficionado de Amazon con el que no merece la pena perder más tiempo que una sola tarde de lectura vertiginosa, visitando monumentos por fuera y sin entrar en ellos.
Me resulta difícil concebir, de igual modo, a un lector de sociología, política, filosofía, al fin y al cabo, que quiera trascender más allá de la mera polarización de buenos y malos, capaz de reflexionar sobre la escala de grises que encierran todos los problemas y de abordar un reto con eclecticismo, si se halla entretenido triturando más que paladeando las palabras de un libro como si se tratara del manual de una lavadora, con la misma carga de profundidad y humanidad de un texto informativo. métodos de lectura rápida ¡¡puag!!
¡ALLÁ LOS LECTORES DE LECTURA RÁPIDA! 
¡Allá los lectores de lectura rápida! No les envidio. Miró a mi alrededor y contemplo la biblioteca de libros en papel que poseo y entro en mi ordenador y voy a la carpeta de libros descargados que también poseo y me doy cuenta de que no he leído ni leeré siquiera el 5 % de todos esos libros. Por tanto, no alcanzaré ni el 2 % de toda la sabiduría que existe en el mundo por mucho que viva. ¿Para qué preocuparse, entonces? El tiempo es limitado. ¿Para qué forzarse a leer con rapidez lo que nunca vas a poder leer por muchas vidas que tengas? En el fondo, lo único que puedes hacer es escoger entre esos títulos los que más te apetezcan y ser honesto con ellos. Desmigajarlos con lentitud y asimilarlos con placer, sin mayores pretensiones. métodos de lectura rápida ¡¡puag!!
TAMBIÉN VALE “NO LEER”
Leer con comodidad, a tu ritmo, lento o rápido, como te apetezca, pero sobre todo como te pida el cuerpo. La lectura debe ser un placer. Y si no te apetece leer, pues no leas; no es obligatorio. Hay libros que se leen y se disfrutan, porque van contigo, y hay otros que no se leen, porque no van contigo. Por importantes que sean, debes abandonarlos sin complejo alguno. Lo siento, pero no va conmigo, se le dice por lo bajini al autor, se le pide perdón desde la humildad y se pasa a otra cosa, mariposa.
Es pretencioso, es una locura, es una aberración aprender a leer rápido y quedarse a medias en todas las lecturas. O Intentar leer solamente libros sencillos que no aportan nada por el prurito de decir que has leído mucho. Es un error garrafal.
LOS NEGOCIANTES DEL MÉTODO DE LECTURA RÁPIDA
Dejo a los negociantes que venden sus productos, ya sean libros o métodos online de lectura rápida, para que embauquen a quien tengan que embaucar.
Uno tiene derecho a embaucar si el embaucado se deja, y tiene derecho también a ser embaucado a su vez, si ese es su deseo. El embaucado también tiene derecho a creer en mentiras, si así se siente a gusto consigo mismo. La fe siempre se ha movido en estos términos: la fe mueve montañas de libros.
Yo, por mi parte, me abstengo.
Seguiré, el tiempo que me quede, leyendo los libros que más me conviene, si así lo considero, a mi ritmo, y abandonaré este mundo sin haber leído otros que sí me hubiera gustado leer, pero no tuve tiempo. Eso no me causará un gran trauma.
Lo que sí me causaría un gran trauma es leérmelo a la fuerza y a disgusto, sin enterarme de lo que leo y sin disfrutarlo con tranquilidad, por puro en empecinamiento de que tengo que leérmelo sí o sí, a toda costa. A toda costa me tendría que leer muchos libros que no me he leído todavía y que no me leeré en toda mi existencia.
Probablemente muera siendo un ignorante. ¡Qué lástima! Mi sepultura recibirá la carne corrupta de un individuo anónimo que nunca tuvo las lecturas necesarias. ¡Qué le vamos a hacer! Hay que asumir las propias carencias, sean estas cuales sean. métodos de lectura rápida ¡¡puag!!
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