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La comedia de la olla.
Otra obra de teatro más en el Festival de Mérida de 2026. Y otros actores.
Esta vez sí, seré breve en mi análisis porque la obra no tiene mucho que ofrecer. Una serie de escenas de enredo, de metesillas y saca muertos como se suele nombrar a estas obras de Sainete en que suelen convertir los clásicos en el Festival de Mérida.
EL CONCEPTO DE PLAUTO
El concepto que tenía Plauto y los autores griegos en general de la comedia era de simple enredo. El humor se ha perdido en ellas y solo nos queda la estructura argumental. La gracia, que no tiene, se suele suplir con recursos del sainete moderno.
Se trata simplemente de sustituir los efectos antiguos por actuales. Recursos antiguos limitados a la «enseñanza de temas» mil veces tratados: la joven obligada a casarse con el viejo y de la imposición de los padres sobre los hijos. Además, la avaricia como topicazo, sin más recorrido que mostrarla y avergonzar al personaje.
>Esto tan simple y falto de interés de por sí como espectáculo moderno que debe repintarse y ser reparado con recursos, ya digo, verbales, chuscadas, anacronismos y demás guiños circenses y de espectáculo infantil. Solo así puede ser soportable un argumento que caducó hace muchos años. Ni siquiera como enseñanza sirve.
ESTRUCTURA CADUCA.
El problema de la chica obligada por sus padres ya no es un problema, al menos a esos niveles de autoridad extrema. La avaricia ya no es un problema, y menos desde la perspectiva infantilizada de un personaje avaro al estilo de Mr. Scrooge. Los problemas siguen existiendo, pero planteados de esta forma como Plauto las plantea, ya no sirven.
VERSIONAR LA COMEDIA DE LA OLLA.
Versionar una obra cómica de tal modo que introduzcas elementos más interesantes a la hora de hablar de la avaricia o de la imposición paterna alejaría la versión del original, de tal modo que la haría irreconocible en pos de hacerla más atractiva. La otra solución es por la que opta la adaptación de Antonio Prieto y Juan Luis Iborra de introducir, como digo, recursos verbales, circenses, de farsa o directamente de vodevil, junto a una limpieza textual que se agradece para una obra que comienza a las once de la noche.
Comencemos y a ver si esta vez soy más conciso de lo habitual. Aunque me temo que no, porque de nuevo la cabeza se me ha llenado de ideas.
EL VODEVIL.
La comedia de la olla basa su calidad y su atractivo en la interpretación de actores y en el diseño de escenas que abordaremos más tarde, pero ahora quiero abordar el tema de la farsa y el Vodevil. Gestos estereotipados donde los personajes hacen el ridículo y abandonan la verosimilitud para ofrecernos una imagen payasesca de todos ellos. Es el recurso fundamental que atrae y llama la atención.
>El público, que a vuela de pájaro se ve como un banco de peces en las gradas del teatro romano, cae como un pececillo en este truco tan elemental.
TEATRO INFANTIL.
Y es que, en esta ocasión, lejos de recordarnos aquel teatro farsesco o de vodevil serio de los años sesenta con la farsa astracanada de Pedro Muñoz Seca y Jardiel Poncela nos acerca a la infantilidad con que se trata al espectador desde las televisiones principalmente generalistas. Si ustedes ven algún programa concurso detectarán la falta de respeto que se suele tener hacia el público inteligente desde la pantalla por parte de los profesionales. Los concursantes suelen estar a la altura de dicha falta de inteligencia, que justifica que los presentadores los traten así. Del mismo modo, tengo la sensación de que nos han tratado a veces como carnaza de share.
Comenzar la obra pidiendo al público que griten “olla o no sé qué “p…”, como suele hacerse en el circo, pidiendo que los niños chillen cada vez más fuerte, porque no se oye la palabra «olla» ya nos previene de la humillación. No hay que olvidar que es teatro turístico. Nada que ver con teatro de alta calidad de otros entornos.
>La verdad es que no sé por qué no acudo más a menudo a un teatro más serio, de la Sala Trajano o del María Luisa, pero soy consciente de que estos artículos suelen tener más visitas a esta web. Con independencia de ello, yo soy el que debería visitar otro entorno culturalmente más sustancioso, pero bueno.
TRUCOS DE PAYASO.
El equívoco se añade a la comedia de Plauto como recurso circense e infantil. Confundir a uno con otro, que dos personajes estén hablando de cosas diferentes y surja el equívoco y que ese equívoco lo conozca el espectador produce el efecto “ya lo sabía”, donde el lector es cómplice de algo que no sabe el personaje.
Además se juega con el público, bajándose del escenario e interactuando con él. Incluso llegando al límite cuando se toca la cabeza de un calvo o se insiste en seducir a una mujer cualquiera del público.
>Todo ello es síntoma de la superioridad del actor respecto al respetable y eso nos remonta al principio de la obra, cuando nos obligaron a gritar no sé qué de la olla
ANACRONISMOS.
Por supuesto, hay anacronismos para vivificar el texto, como hablar de «la máquina del fango» o expresiones modernas que se introducen en el texto de Plauto para animar la obra.
Empleo de vocabulario y expresiones con resonancias modernas que intentan refrescar el texto.
UN TEXTO LIMPIO EN LA COMEDIA DE LA OLLA.
A favor de «La comedia de la olla» hay que referir la limpieza del texto así así como la concisión con que el versionador nos ofrece cada tramo del argumento. Establecer un texto tan limpio de polvo y paja, que va al grano y se beneficia de un lenguaje moderno y simple es lo que más destaca de las virtudes de «La comedia de la olla».
>Repito, como decía al principio, que es de agradecer, que ya de por sí es duro de tragar un clásico si no se pase por el pasapure verbal para que no tengamos que hacer el más mínimo esfuerzo mental.
TEATRO TURÍSTICO
Como comedia de divertimento y teatro turístico es lo más apropiado. Hay que ser coherentes con el entorno y el propósito del festival de teatro clásico y de entretenimiento de Mérida, como debería decirse.
CARLOS SOBERA.
Todos los actores están bien. Es difícil encontrar hoy día a un actor que no esté estupendamente preparado para cualquier eventualidad y a directores artísticos que no sepan que aplicar los recursos aprendidos en la escuela de arte dramático, y que no sepan dirigir a la perfección. Tenemos unos actores profesionales españoles estupendos y hay que decir de Carlos Sobera, al que ya vimos en «Miles gloriosus», cada año va mejorando en su faceta de actor.
Se va alejando de los resabios que en su día mostraban al menos en «Miles Goriosus» y en «Palabras encadenadas», que son las dos obras que he visto suyas. Resabios de presentador metido actor. No sé si porque está estupendamente dirigido desde la perspectiva actoral.
>El caso es que nos vamos olvidando de que es Carlos Sobera interpretaba papeles y hoy le vemos como el personaje que interpreta, que es lo mejor que puede decirse de la interpretación de un actor.
ANTONIO PRIETO Y ANTONIO OZORES
Un apunte innecesario, pero curioso. Me sorprendió la actuación de Antonio Prieto, precisamente el adaptador de la obra quien además interpreta un papel en ella. Cerrando los ojos, retornaba a la vida Antonio Ozores.
Las inflexiones de voz y el tono de Antonio Prieto son tan similares al otro Antonio que no sé por qué no se le ocurrió, siendo como digo el adaptador, hacer algún gag han aprovechado en algún momento para proceder a su imitación.
¿Tal vez por vergüenza? Y momentos en la obra no faltaron para jugar con ello y aprovecharlo.
Dudo mucho que se les pasase a todos la tremenda similitud, al menos en en la voz.
PARECIDOS RAZONABLES
Antonio Prieto e parece en la voz y algo en el físico, así como Natalia Huarte podría hacer de hermana de Carolina Yuste en alguna ocasión o Miguel Garcés podría sustituir a José Luis Gil, Juan Cuesta en «Aquí no hay quien viva». No me digan que no se parecen.
Ahora bien, puede que el director lo considerase una chuscada innecesaria o que el propio Antonio Prieto no quisiera caer en ello por problemas de copyright. (Que no sé hasta qué punto una imitación tiene esos problemas). O porque no quisiera caer en la bajeza de reconocer esta similitud tonal meramente casual. Sea como fuere, que desconozco los entresijos, Antonio Prieto perdió una oportunidad de oro para hacerse viral en redes con aquello de “No, hija, no”. Es solo una apreciación sin más.
CRITICA NO BREVE
Y una vez más esta crítica ha durado más de lo que yo esperaba, como por otro por otro lado me temía, así que nada. En relación con la brevedad prometida no he sido breve, pero espero que sea este análisis sustancioso para ustedes.







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