El dedo y la luna

Moises de las Heras

02/01/2026

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Miren el dedo. Ven este dedo. Este dedo está señalando a la luna. Pero admiren la perfección de este dedo, hombres. Este dedo es muy bello. Es una mano increíble y perfecta. Y al hacer así, con el dedo señalando, sin señalar de una manera dramática como ordenando, con el dedo extendido, como si fuera un garrote, sino como el dedo de Dios, señalando sutilmente a otro Dios, que simboliza a un joven desnudo, que simboliza a Jesucristo, como en el cuadro de Miguel Ángel, ustedes se enamorarán de esta mano.
La mano señala a la luna. Y ustedes tendrán la sensación de que la luna ha sido señalada por la mano, pero no se han enamorado de la luna. Se han enamorado del dedo. De este dedo sutil y maravilloso. Les ha enamorado, porque al señalar con tal delicadeza, como sin pretensiones, sin autoritarismo, sin un ápice de exigencia sinónimo, ustedes han creído al dedo. Un dedo tolerante. Un dedo preciso. El dedo que tiene autoridad porque carece de autoridad. Este dedo es amable, amigable, afable, delicado, respetuoso con su opinión, inteligente.

EL ENVOLTORIO Y EL LACITO

Al mostrarse así, señalando a la luna, lo señala, en efecto, pero lo señala con tal penetración, con tal donaire que parece que no la señala. Simplemente queda ahí, en el aire, señalándola como quien no quiere señales, pero no de una forma dramática e impositiva. Y eso es lo que da autoridad al dedo. Que señala la luna con tal respeto que lo hace asimilable, creíble, confiable. Es un dedo garboso, afectuoso, honesto. Usted se fía de los dedos que señalan con delicadeza, no de esos otros dedos que señala con autoritarismo. Señala, pero parece que no señala. Le deja a usted la opción de pensar que no está señalando a la luna. Pero usted sabe que señala a la luna y no a otra cosa.

PODRÍA SEÑALAR AL CIELO

Podría señalar al cielo y señalar a la vez a la luna y a una estrella indistintamente. Y usted podría entender que el dedo está señalando indistintamente a la luna o a la estrella. Pero sabe que señala a la luna. Porque el interés del dedo es señalar a la luna, pero sin que lo percibamos. Creando una duda en usted. Creando la duda de que el dedo quizá no esté señalando a la luna, sino a la vez a la estrella. Pero la señala.
Porque si hubiera una mínima posibilidad de que el dedo señalara a la estrella y no a la luna, en ese caso señalaría con corrección. Porque no se referiría a un satélite en concreto, sino al cosmos en general. Y usted tendría una visión más ecléctica del mensaje.
Pero al encontrar referencias direccionales en el dedo, en sí mismo, que señala a la luna, usted, como imbécil que es, entiende que el dedo señala a la luna y no a la estrella.
Esté o no esté presente la estrella por los alrededores, Es a la luna a la que señala.
Porque, En otro caso, a veces el dedo señalaría a la luna y en la imagen solo aparecería el dedo y la luna. Pero, a veces, el dedo aparecerá entre la luna y la estrella; acompañado de la estrella. Pero siempre se inclinará por la luna.

LA ESTRELLA Y LA LUNA.

La estrella solamente está ahí para hacer bonito y para despistarle. Tendrá claro que a quien señala es a la luna.
Y usted se fijará en el dedo. Porque cuando el dedo señala a la luna, los imbéciles miran al dedo.
El dedo es lo importante, su belleza, su modo de ser sutil. Porque el dedo tiene prestigio. El dedo es el atractivo mayor de esta imagen. ¡Que imagen más bonita tiene esta mano tan bella, con un dedo levantado con gracia, como Dios señalaba a Jesucristo en el fresco de Miguel Ángel! El dedo señala con donaire a la luna. Siempre a la luna. Y usted se fija en la belleza del dedo.
Porque cuando el dedo señala a la luna, los imbéciles miran al dedo. Porque ¡es tan bonito ese dedo!
Que duda cabe. El dedo señala a la luna de una manera sesgada y sin que exista en realidad una relación entre mano que señala y luna señalada. Tal vez no la haya. Pero ¡es tan bonito e inteligente el dedo! que usted creerá que sí la hay. La relación, digo. Por efecto de la belleza del propio dedo. Y de su forma de señalar con elegancia.
Porque cuando un dedo bello, un dedo de una mano bella a más no poder, ese dedo, precisamente ese dedo es el que señala a la luna, los imbéciles miran embelesados al dedo.

QUE QUIERO DECIR.

Les saldrán a usted muchos vídeos de psicólogos, historiadores, intelectuales, que con apariencia de científicos en su materia y cargando de palabras sofisticadas el mensaje, dándole una apariencia de doctrina aceptada por todos, le deslumbrarán.
¡Es la mano de Dios del fresco de Miguel Ángel! ¡Esa misma agudeza es la que se atribuye a la seriedad científica! ¡A la objetividad incontestable de la ciencia con que te engatusan para que aceptes sus premisas! Porque tú eres el imbécil, eres el inculto, eres el que no sabe de esa ciencia psicológica, comunicativa, histórica, y como insipiente o imbécil que era eres, como insipiente que eres, te crees todo lo que te dicen.
Y el caso es que es verdad. No puede ser que esa ciencia no sea verdad. -¡Acierte en sus premisas básicas! ¡Es un dedo infalible! Y tú no te atreves a ponerla en cuestión porque cometerías el error de discutir sobre lo que no entiendes. Por eso no te atreves a discutir lo que dice esa ciencia y la crees a pie juntillas. Aunque la información que te den esté sesgada y se calle la mitad de los conocimientos de esa misma materia.

PERO TÚ CREES

Pero tú la crees porque esa materia es muy bella y confiable. Es muy amigable porque simplemente expone sin sesgo alguno. Esa materia es como el dedo que no se estira pero señala.ç Podrías pensar que ese dedo se refiere a la luna y a la estrella. A la izquierda y a la derecha.
Señala defectos de la política que es común a la izquierda y a la derecha política, a la luna y la estrella. Podría situarse ese dedo en el centro del cosmos político, a media distancia entre la luna y la estrella, entre la derecha y la izquierda política y parlamentaria y señalar a ambos.
Pero tú sabes en el fondo que se está refiriendo a una de las dos opciones. Se está refiriendo a la luna. Está señalando los defectos de la luna. Los sabes. El dedo siempre se inclinará más hacia la luna que hacia la estrella, en el caso de que se sitúe en apariencia en el centro de los defectos de los políticos de hoy en día. Pero alguna frase, algún vocabulario específico que ha utilizado el científico nos hace pensar que se refiere a la luna y no a la estrella. Siempre a la luna, nunca a la estrella.

EL DEDO ESTA SESGADO

El dedo está sesgado. Señala siempre en la misma dirección. Destaca y subraya los defectos de la mitad del panorama político, pero no señala nunca, jamás, los defectos de la otra mitad, del otro sector.
El dedo está sirviendo a un sector de la política acusando al otro de los defectos que su ciencia ha analizado. Pero este dedo científico ¡es tan bello, tan convincente, tan rotundo, tan incontestable, tan redondo, tan evidente, tan científico, tan verdad, que no cabe la duda. No cabe la duda de que lo que está diciendo es. Cierto.
Y si el dedo señala a la luna será porque sólo la luna tiene los defectos, De que científicamente es mala y no hay que votarla. Que la ciencia dice que la luna es mala, pero no la estrella, que queda eximida de tener los mismos defectos que la luna. La estrella es buena y la luna es mala. Porque la ciencia sirve a un sector de la política tan solo.

CUANDO EL DEDO SEÑALA A LA LUNA…

El dedo señala sólo a la luna. Y te saldrán en Instagram y en YouTube científicos de toda clase y condición que con palabras extrañas, nombrando a autores como signo de autoridad, utilizando vocablos que no entiendes y conceptos en apariencia racionales y muy sofisticados, te querrán convencer de que la luna es mala, de que ese sector político es perverso. Pero lo harán con rigor, con el dedo doblado y no con el dedo en garrote, que sería sospechoso de servir a un sector, de hablarte desde un sesgo de confirmación, desde una cámara de eco.
Si eres de derechas te aparecerán científicos de derechas que con sutileza mayor o menor doblarán el dedo para señalar a la izquierda. Pero todos serán científicos muy sesudos.

… LOS IMBÉCILES MIRAN AL DEDO.

Y si eres de izquierdas te aparecerán otros científicos también muy sesudos y muy sutiles, que utilizarán la ciencia como argumento, como dedo doblado para señalar a la derecha y sus defectos. Son armas que emplean unos y otros.
Y tú como imbécil que eres, te fijarás en el prestigio de la ciencia, en lo hermoso y convincente que es el análisis científico que te están administrando en el pesebre ideológico de tu preferencia. Admirarás la belleza de ese dedo. Y cuando ese dedo científico señale a la luna te creerás que por algo lo hace. Mirarás el dedo y le creerás. Y cuando el dedo señale a la luna tú serás el imbécil que mire al dedo y se deslumbre.

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