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Viriato Festival Mérida, 2017 crítica de la obra de teatro

Fernando Ramos como Viriato

EXQUISITA TEATRALIDAD

Una vez más, Fernando Ramos, a los mandos de esta nave, se esmera, se esfuerza y logra una gran puesta en escena. Escenografía, distribución del peso de la obra, ideas teatrales, guiños tal vez al cine, una acertada imaginaría en maquillaje y vestuario, un cuidado movimiento escénico, música en directo, sonido envolvente, muchos son los aspectos teatrales que funcionan a la vez y entretienen. Esta compañía sabe que ofrecer muchos matices, colocar gran cantidad de elementos, si puede ser todo ellos de ingenio, con los que la obra adquiere calidad y gusta. Esta máxima la conoce, la aplica y es por ello que no hay nada que objetar en cuestión de teatralidad. Es de las mejores compañías que vienen a Mérida cada año.

Y sin embargo, esta vez la cosa no funciona. Algo falla. ¿Qué es? Veamos cada cosa.

ACIERTOS

ESCENOGRAFÍA

Fernando Ramos de Verbo ProduccionesLo primero que llama la atención es el ingenio escenográfico. Quince actores disfrazados como cadáveres andantes, manejan unas vigas de madera de barco tal vez, según parece, que simulan recias vigas rústicas y pesadas de tres metros. Moviéndolas de diversas maneras y en distintas posiciones, establecen distintos escenarios y distribuyen una escenografía móvil donde los actores cadáveres forman parte del decorado. De la escenografía, digo. Agachados, tumbados, moviéndose, van cambiando la plasticidad escénica. A veces ocupan todo el escenario, otras crean simetrías, asimetrías, simulan vallas, verjas, se tumban, comban, inclinan… Y con este juego minimalista sorprende y gusta.

EL VESTUARIO Y EL AMBIENTE

Y este coro manejando vigas, junto con el vestuario, tanto de los bárbaros como de los figurantes, crean un ambiente rústico, que siempre alude, de una manera más o menos explícita, a ese mundo primitivo de las tribus hispánicas. Incluso el vestuario del romano se amolda a esa uniformidad estética bárbara.

EL CORO

El coro es un gran acierto. Siguiendo el texto, se utiliza el mantra de “la sangre que camina” como leiv motive. Los quince figurantes son también las voces enterradas de los muertos en guerra que reclaman paz. Rostros y cabezas calvas pintadas de blanco, con detalles rayados en negros y colores oscuros, y túnicas a medio camino entre lo bárbaro y lo fantasmagórico. Por un lado, son el pueblo que lucha en las batallas y muere derrotado. Por otro son el coro de las tragedias griegas, que canta las desgracias. Y por otro lado, manejan y cambian la escenografía. La compañía Verbo producciones tiene la habilidad de utilizar un recurso para varias cosas. Eso se llama teatralidad

EL SONIDO EN VIRIATO, FESTIVAL DE MÉRIDA.

También Viriato Festival Mérida 2017, juega con el sonido de un modo inusual. El coro suena por detrás. Lamentos, quejas y mantra envuelve al público. No sé si es un coro arriba aparte, un empastillado o son los figurantes desde el escenario, pero el sonido viene de lo alto de las gradas y envuelve a los espectadores, atrapándoles en la tragedia. También teatralidad.

RECITADOS DEL CORO

Este coro recita a veces en canon. Es decir, una parte inicia un lamento y al instante otra coro vuelve a recomenzar produciendo un efecto de eco.

Este efecto también lo llevan a cabo el dúo escénico formado por la madre y el esqueleto andante que le acompaña, de los que más tarde hablaremos. Es un efecto ya visto en La Orestiada, obra anterior de este festival, pero allí se abusaba y aquí se emplea con moderación y, por tanto, con mejor eficacia.

LA MÚSICA EN VIRIATO FESTIVAL MÉRIDA 2017.

Un efecto usado ya en otras ocasiones, creo. Consiste en entender el teatro como cine. O emplear recursos del cine. Y uno de los más comunes es la música incidental. Durante toda la obra, el texto se dice sobre un colchón musical que subraya el drama y lo alimenta. Acostumbrados como estamos a ver cine y a que este efecto produzca efectos placenteros, el teatro a veces se vale de él para resultar más cómodo y sentimentalizar.
Es una música que necesariamente se da en directo puesto que debe seguir a los actores. De este modo, los intérpretes de despreocupan, no se tienen seguir un empastillado. Además, resulta estético ver a los músicos allí. Teatro visto.
Y buena música, vive Dios.
Hasta aquí todos son aciertos. Sigamos con ellos.

EL PESO DE LA OBRA.

Está de sobra decirlo, pero si una obra funciona como teatro es porque cuida el peso. Es algo básico para la teatralidad. Consiste en que todas las partes del escenario tengan la misma importancia y sean usadas sin abusar de unas en detrimento de otras. Un buen peso de la obra, depende de cómo se use el escenario.

Viriato Festival Mérida no sólo sitúa a los personajes en distintos puntos de la escena, sino que los va cambiando del lugar de una manera funcional, motivada y sin que nos demos cuenta. El Senado o el campamento romano está a la derecha. La madre y la calavera a la izquierda. Viriato y los bárbaros en el centro. Pero todo se desplaza y se mueve continuamente. A veces la madre pasa al centro, hay desfiles entre espesuras de la naturaleza, representada por las vigas móviles, a veces hay avances inquietos y decididos que cruzan de derecha a izquierda la larga embocadura del escenario, a veces… Es decir, la obra se mueve.

DIVERSOS ARQUETIPOS

La plasticidad escénica de Viriato Festival Mérida se plasma en diversos arquetipos teatrales.

LOS BÁRBAROS.

Por un lado, tenemos a los íberos, Viriato y sus colegas, con vestimenta, actitudes y forma física propia de este tipo de personajes. Salvo Fernando Ramos, como Viriato, que carece de esas hechuras de Goliat o de Gimli, del El Señor de los Anillos. Haría mal Ramos, a la hora de la interpretación, en pretenderlo. Su arquetipo parece más bien de “chico joven consagrado a su tarea de caudillo y estratega” antes que guerrero.

LA MADRE Y SU SOMBRA.

Rosalinda Celentano como diabloComo una sombra, un muerto acompaña a la figura de la madre. La madre es un personaje diferente que ocupa un lugar casi simbólico. La sombra que le sigue es un muerto de la guerra que habla con ella y por ella. Ambos son coro más que personajes. Es como si anticipara la muerte de Viriato. Como si está sombra, este muerto fuera la propia muerte del caudillo.

EL CÓNSUL

El tercer personaje distinto que da plasticidad al conjunto es el cónsul. Se le otorga una gestualidad que le acercan a la comedia. El hecho de que tanto él como los muertos se parezcan en su calvicie y en su palidez, sugiere tal vez que sean la misma cosa, como si Roma y la muerte estuvieran unidas o la una conllevara la otra.

INSPIRACIÓN EN EL CINE.

el Dr MalignoEL DOCTOR MALIGNO, (MR EVIL) DE AUSTIN POWERS.

No sé si el cónsul les suena. Ese modo de manejar los brazos y los gestos, con movimientos vertiginosos, esa actitud vampírica y ese cambio de tonos en el registro, tan cercano a la comedia, nos recuerda sin duda al Nosferatu de Murnau pero también al doctor maligno y su mini yo de Austin Powers. Es un guiño simpático porque hacía falta en esta obra darle un pelín de humor.

LA PASIÓN SEGÚN VIRIATO

Al comienzo de la obra aparecen los muertos llevando unas vigas. La primera impresión es de una crucifixión. Y junto a ellos, una madre llora por sus hijos. Puede ser la de Viriato. Una sombra calva y pálida le acompaña. ¿Les recuerda algo? Si tenemos en cuenta que los romanos crucificaron a Cristo y que la actriz (Paca Velardiez) clama por los hijos, también podríamos apreciar un guiño sutil a La Pasión de Mel Gibson dónde Rosalinda Celentano interpretaba a una figura simbólica parecida. La figura del diablo se representa con un maquillaje parecido. ¿Hay un paralelismo intencionado? Si no lo hay, hay muchas coincidencias. O tal vez sea cosa mía. Si alguien vio lo mismo, ahí queda.

FALLOS

LA CALIDAD DE LA OBRA.

Y, sin embargo, por todo lo dicho, podríamos pensar que estamos ante una obra excelente. No es así. La obra falla y aburre en ciertos tramos. ¿Porque? El problema está en el texto.

FLORIAN RECIO TERRAZA, AUTOR

Florían Recio Terraza, autor de Viriato

FLORIAN RECIO TERRAZA

¿Me atreveré a ponerle peros yo a Florián Recio, autor teatral, guionista de TV, además de profesor de escritura creativa, novelista, poeta, filólogo, que ha escrito textos para Suripanta, para Samarkanda, para Verbo y con más de veinte premios en su haber? ¿Me atreveré? ¿Le pondré yo peros? ¿Sé yo más que él acaso?
Bueno, yo les digo cosas y ustedes luego me echan la bronca porque lo que afirmo no tiene ni pies ni cabeza, ¿vale?
Yo me he aburrido y sé por qué me he aburrido.

EL ARTE DE ESCRIBIR

Como Florián Recio sabe, escribir no es cargarse de inspiración y ponerse una noche de luna llena a cantarle a la novia esperando que lleguen las musas. No. Hay un trabajo detrás y una técnica. Conflicto, giros narrativos, arcos de personaje, motivación, objetivos, obstáculos, ayudantes, oponentes… Toda una serie de recursos y estrategias que un narrador, ya sea en cine, teatro o novela debe conocer para desarrollar un buen texto que atraiga. Hay que estructurar y darle vidilla a la historia. ¿Y Viriato qué tal? ¿Bien?

La historia de Viriato Festival de Mérida falla porque el conflicto es sencillo y no se juega a enfrentar a los personajes uno con otro, sino que se prefiere echar discursos solemnes y monólogos filosóficos contra la guerra. Se emplea más tiempo en esto que en lo primero.

TEORÍA DEL FRACASO DE LA GUERRA.

Juan Carlos Tirado, actor

Juan Carlos Tirado, como Cónsul

Dos aspectos destacan en la filosofía que Florián nos trasmite en su texto. Por un lado, que las guerras son malas, que son un negocio y que el poder y la ambición se dedica a provocarlas ya alimentarlas. Está bien, buena teoría. Pero el teatro no es lanzar discursos ideológicos como en un mitin. Es acción e interacción de personajes.
Y en Viriato, salvo alguna que otra reflexión sobre la ataraxia (no nombrada de este modo) de quien renuncia a la ambición de poder y sobre la tranquilidad de conciencia individual, todo lo demás es repetirse sin profundizar. Se repite el problema ético de que las guerras no acaban. Salvo el apunte psicológico antedicho de que el individuo no se libera haciendo guerras por ambición sino renunciando a la ambición, el resto de la filosofía contra la guerra no se sustancia con interés.

Si quería discutir, haber puesto réplicas inteligentes en los contrarios, pero todo suena a discurso de miss. Y habíamos venido a que nos contaran una historia, un conflicto, no a escuchar discursos sobre la guerra. Un poco sí, pero tanto no.
Y el conflicto es escaso, como ya explicaremos

LOS REFUGIADOS

Está bien que todas las tragedias que se están trayendo al Festival de Mérida den codazos al espectador con referencias a la política nacional, diciendo lo malo que es el imperialismo y el poder y lo bueno que es el pobre individuo víctima de este poder burgués e imperialista. Y también está bien los guiños, que nos actualicen la obra, ya sea con crisis griegas, refugiados sirios o lo que sea. Pero a veces, la comparación viene traída por los pelos.

Porque vamos a ver, ¿qué narices van a ser refugiados los lusitanos que huyen? Los lusitanos huyen al monte, no hay otro país que les acoja o no les acoja, en el conflicto de Viriato no se plantea este problema. Son muertos y huídos, no refugiados ni acogidos. Con lo cual, no entiendo.
Eso no quiere decir que estemos en contra de acoger a los sirios, pero vamos a ver… pero seamos un poco coherentes a la hora de establecer analogías. Si la historia de Viriato la pide, se establezca, pero que no se fuerce. Y se fuerza. Es como si fuera obligado lanzar el alegato.

Pero en fin, hablemos del conflicto en Viriato festival Merida 2017

CONFLICTO LINEAL.

Imagine usted lo siguente: un banquete. Se levanta una copa, se brinda por el éxito en una batalla. En el banquete aparece la suegra. Y allí, un tío malo obliga al sobrino de catorce años a entrar en batalla. Una copa tiene un veneno y mata al tío. Pero la suegra se pone histérica, quiere vengarse del que mató al tío convenciendo a un primo lejano que viene de lejos que busque al asesino. Esa noche, una sombra entra en la habitación del primo, pero una criada lo ve y…

¿Que qué narices estoy contando? Pues estoy narrando un conflicto completamente inventado en este mismo momento, que se desarrolla entre personajes. En ese conflicto, aparecen arquetipos diversos (suegra maruja, niño débil, tío bruto, primo valiente, sombra sibilina), que hacen cosas, que toman decisiones y que finalmente, por su actividad, también cambian el argumento.

Además tenemos copas, mesas, gente que se tumba en camas, gente que bebe vino, venenos en copas, es decir, objetos que se manejan. La plasticidad de la obra se hubiera enriquecido si se manejará todo esto y visualmente se nos hubiera invitado a seguir la trama con mayor agilidad.

¡¡Eso es lo que le falta a Viriato!! Los personajes no se tocan y salvo espadas no hay utilería de mano. Eso es falta de teatralidad.
No, no voy a darle yo lecciones a Florian Recio de cómo se crea un conflicto, pero cuando en Viriato el autor deja de echar discursos, lo que nos queda son… una aventura escasa y lineal, demasiado poco desarrollada para las dos horas que ocupa.

FALTAN PERSONAJES EN VIRIATO FESTIVAL MERIDA

Fernando Ramos y Pedro Montero en ViriatoPersonajes distintos que tomen decisiones y que provoquen reacciones y cambios en la trama. ¿Esto existe? Sí, pero se limitan a debatir y dudar. Dudas entre confiar en los romanos o caer en sus tramposas negociaciones. La discusión entre bárbaros siempre gira sobre lo mismo. No hay personajes que aporten matices, tomen decisiones.
El héroe, antihéroe, mentor, guardian del umbral, figura cambiante, sombra, aliado, tahur… muchos son los arquetipos de los que pudiera haberse valido. Uno que intrigue, otro que se cuele en el campamento, que ese emisario tenga una novia que le ayuda o cosas por el estilo, es decir…

Pero en lugar de establecer relación entre personajes, Viriato duda vuelve a hablar sobre fiarse o no de los romanos. Con lo cual, las escenas se paralizan. Son cortas, eso sí, pero en realidad son la misma partida en trocitos.
Porque el problema del texto es que está demasiado interesarnos en el trasfondo ideológico sobre la guerra que en contar historias.

Además no hay subtramas. Sí, las hay, pero dichas, no mostradas. Algún personaje cuenta una subtrama (la huida de un niño por el bosque, la tortura de un bárbaro) pero no se muestra una pequeña historia paralela que ocurra ante los ojos del espectador. Y ya sabemos que narrar es mostrar, no decir. Y una obra de teatro es, principalmente, una narración.

¿A qué les resulta repetitivo este artículo? Pues así me resultaba a mí Viriato.

LAS INTERPRETACIONES

Ana García, actrizPor último, haré referencia a las interpretaciones, y pongo mis observaciones al final porque vienen condicionadas por el texto.
Cuando tienes un texto plano, sin conflicto, y con tres personajes casi iguales (los tres bárbaros amigos de Viriato) las interpretaciones necesariamente quedan planas. Porque el actor no puede permitirse juegos en la interpretación cuando el libreto no ayuda ni propicia

Otro caso es el de cierto actor o actriz –no sé- cuya voz no es demasiado teatral. En un caso concreto tenemos a alguien con una voz fea que debería mejorar y cuidar esa voz. Porque es una voz que angustia al oírla porque es dura de escuchar o parece que no va a llegar. Si ustedes tienen localizado de que actor o actriz les hablo, ya saben que el defecto existe.

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