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UNA REFLEXIÓN SOBRE EL SENTIDO EL FESTIVAL DE TEATRO CLÁSICO DE MÉRIDA

Una edición más del Festival de Teatro Clásico de Mérida llega a su fin y una de las valoraciones que tenía pendientes de hacer en este blog es el carácter especial de este festival frente a otros, por su particular característica.

TIPOS DE ESPECTADORES

Escena de una obra en el Festival de Teatro Clásico de MéridaEmpezar diciendo que cada obra tiene un tipo de espectador y quien acude al festival de Mérida debe asumir que se enfrenta a unos textos más difíciles de los habituales, unos textos “culturales”, que han de verse con ojos especiales y no los del mero entretenimiento y diversión.
Quien llegue al teatro romano para gozar de un modo ocioso y sin esfuerzo, abominará del festival. Otra cuestión es que se haya intentado, desde la producción, remozar lo clásico, como muchas veces se hace, con puestas en escena divertidas y dinámicas y eso entretenga más y reste hierro a la dureza de lo antiguo.

Esto también es una opción intermedia, que juega al difícil juego de llevar la cultura más espesa a la mayoría. De cualquier forma, entrar en el Teatro Romano conlleva riesgo. Pero hay que saber que es un teatro donde prevalece lo cultural sobre el entretenimiento y dentro de esa premisa, los gestores tienen vía libre para permitirse contratar experimentos, ¿cuándo si no?

HORARIO

Otra cuestión es la hora. Cierto que las once de la noche es la mejor hora para evitar el calor, disfrutar de la brisa y asistir a un evento con placer y si estás de vacaciones guay, para eso es el teatro, que luego te vas de copas, pero para quienes trabajamos un jueves de julio, tras un duro día de curro o un domingo con un viaje de regreso de por medio para currar, no resulta tan apetecible escuchar una vez más la pesada historia de Edipo, mil veces repetida… pero bueno, eso es cuestión de cada uno.

OBRAS REPETIDAS

Representación festival teatro clasico de meridaY luego, la apreciación de siempre cuando se trata del Festival de Mérida. En esta edición hemos tenido dos “Medeas”, otro “Edipo”, otra “Antígona” y otra asamblea de mujeres… Edipos, Medeas, Antígonas mil veces repetidas y vistas otros años. Para el asiduo, verano tras verano, cansa. La historia del rey que acaba ciego nos la conocemos, su búsqueda de la verdad da de sí… lo que da de sí. Los matices de esa búsqueda han sido mil veces dichos y pocas modernizados para que hoy día nos sorprenda.

El simple concepto filosófico tampoco aporta mucho. La historia, los sucesos, todo ello, en parte lejano ya a nuestra sensibilidad y nuestra cultura, no nos enseña nada. Edipo muestra cómo se pensaba hace dos mil años, de hasta dónde podía alcanzar el pensamiento humano, un pensamiento mezclado con la religiosidad de entonces y con el fatuum, hoy ya casi desterrado de nuestras coordenadas. Estas maldiciones de los dioses deben ser contempladas desde un punto de vista histórico para ser entendidas.

Siendo sinceros, esto supone un handicap, tanto para el disfrute como para la apreciación. Y es difícil ver por enésima vez el drama del hijo que se casó con su madre y mató a su padre sin saberlo.

Acaso, se nos olvidan pequeños matices del cuentecillo, de un año para otro, pero cada vez menos y cada año se nos hace más cuesta arriba sacar la entrada… para otro Edipo más, para otra Antígona más, para otra Medea más. Esto afecta a los gestores que, por un lado, probablemente pueden programar obras modernas salvo adaptaciones o propuestas que le den vueltas a lo mismo. Están limitados por la escasez de obras posibles, su representabilidad, y sólo pueden jugar a que la puesta en escena sea diferente, a contratar actores famosos, es decir, televisivos, para dar prestigio a algo que por simple contenido tampoco permite la maleabilidad. Por eso se repiten los títulos.

POPULARIDAD, ESENCIA, SENTIDO, NEGOCIO

Foto bella de teatro romano de mérida, españaTambién ocurre que un Festival con proyección internacional como éste funciona como “negocio público”, y entendido como tal, se la juega si no llena y no llena si no trae famosos. Y se juega su sentido si no programa obras clásicas. Es así, que uno no concibe un festival de Mérida sin un Sófocles, un Eurípides, un Pluto, cosas que conoce el asiduo y le harta. Imagino que habrá un “share” o estadística de asistencia y satisfacción que afecta a las decisiones de los programadores. Se ven condicionados, -por no decir condenados-, sin duda alguna.

Pero el mayor condicionante siempre será presentar el festival como un evento de dimensiones culturales a la par que de entretenimiento, pues la diversión no deba desatenderse. Su carácter así lo exige. (Distinto es un festival donde el entretenimiento prevaleciera, que los hay, como el de Cáceres, un mes antes, sin ir más lejos) El espectador también debe saberlo y debe adaptar su mente y posicionamiento cuando se sienta en la “orquesta”.

RIESGO

Y todo eso también condiciona la opinión que yo puedo tener respecto a las obras que se proponen. Es por ello que, en mis cuatro críticas de este años, en Sócrates echara en falta más riesgo a la hora de implicarse en las reflexiones, más profundidad. Que respecto a Edipo, de “Teatro de la ciudad”, mi valoración fuera superior, por motivos textuales evidentes y una idea mucho más ajustada al espíritu referido. Mientras tanto, Hércules y el Cerco de Numancia eran ejemplos de ese modo de popularizar este género tan difícil.

(cuidado, cuando te suscribas debes confirmar después en tu correo. Si no, no te llegarán los avisos de nuevos artículos -newsletters-) Visita mi canal de YouTube de audiolibros gratis. Moisés de las Heras Fernández

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