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EL PUNTO CIEGO, de Daniel Goleman

Muy recomendable, este libro de psicología en el qué el padre de la inteligencia emocional analiza, de un modo técnico y divulgativo, los entresijos de la mente humana en lo que se refiere a la mentira. Y lo hace, no sólo desde su experiencia como terapeuta sino desde sus conocimientos como psicólogo.

La mentira es una de las obsesiones de la sociedad actual, sobre todo en temas políticos. Lo peor que puede hacer un político es mentir. El votante es muy sensible a la mentira y busca en la ideología enemiga esa mentira pero ¿siempre se miente con intención perversa? Como son políticos, sí, claro. ¿Siempre? ¿Y los particulares, la gente común? ¿Siempre mienten conscientes de que están mintiendo?

Afortunadamente, los libros sirven para ser moderados, para pensar, para ir más allá de lo evidente, de espejismos, de la teorización gruesa y bruta. Para ello, en este tema Daniel Goleman nos aporta un dato fundamental: Nos mentimos a nosotros mismos.

NOS MENTIMOS A NOSOTROS MISMOS

Ese es el punto ciego. La laguna mental que nos permite mentir con toda impunidad. Porque, como dice Goleman, no solo mentimos sino que hay tres fases en la mentira.

1.- engañarnos a nosotros mismos.

2.- no saber que nos estamos engañando.

3.- mentir a otros creyendo que decimos la verdad (o sea, mentimos pero no mentimos porque no sabemos que mentimos).

LOS OTROS MIENTEN, ¿NOSOTROS NO?

Así, podemos detectar la mentira en los otros, pero no en nosotros. De inmediato, localizamos mentirosos intencionados y si hacemos caso a Goleman, empezaremos también a ver gente que se cree sus mentiras. Su capacidad intelectual, educación, circunstancias, frustraciones complejos, obsesiones, ideología y forma de ver el mundo les hace ver la realidad deformada. Los demás tienen un punto de vista perverso y “los demás” –siempre los demás- pasan por las tres fases, se engañan a sí mismos, no saben que se engañan y mienten creyendo decir verdad, incluso ante un elefante que tengan delante pero ¿y a mí? ¿Y a usted? ¿nos pasa? A usted no, porque usted no se engaña, claro. Es decir, usted está en la fase dos, no sabe que se está engañando. ¿Cómo detectarlo? Tal vez si su visión incluye el odio o el desprecio a la visión contraria, haya muchas posibilidades de que no sea objetivo. Nunca lo somos, pero unas veces más que otros, unos más que otros.

TODOS NOS MENTIMOS

Y como usted no se miente a sí mismo, usted piensa que el mentiroso es un ser malvado, porque usted no entiende que alguien pueda creerse sus propias mentiras, porque usted, que se cree sus propias mentiras, no sabe que se está creyendo sus propias mentiras así que no concibe que la mentira funcione así. ¿Cómo alguien no va a ser consciente de que está mintiendo? Goleman lo explica desde la psicología en este libro, “El punto ciego”.

Puede ser que, en ciertas ocasiones, nos topemos con un mentiroso intencionado, no digo que no, pero si lee el libro entero, hay tantas maneras de no vernos a nosotros mismos, que probablemente esa mentira malvada se dé muchas menos veces de lo que usted percibe.

Goleman demuestra que incluso en los casos más sangrantes, una mentira espectacular puede ser una laguna mental. El ejemplo que da al principio de su libro es paradigmático. Un niño, dos ancianas y el conductor dentro de un funicular. El niño juega, las mujeres se asustan y el conductor se aburre. Un mismo hecho, viajar en una vagoneta colgado de un hilo, puede ser algo angustioso, divertido o tedioso, según para quien. Es esto lo que permite que mintamos, ver la realidad según nuestras circunstancias o miedos y no tal como es. Aunque ¿cómo es?

DUDAS A QUE NOS INVITA GOLEMAN

Pero ¿hasta qué punto una realidad conceptual es verdad? ¿Hasta qué punto una visión o la contraria es cierta?

Nosotros detectamos esos complejos y frustraciones en familiares y amigos que deforman y alteran la realidad. Detectamos puntos ciegos ajenos, pero, ¿los nuestros?

LOS LIBROS SIRVEN PARA SER SABIOS. ESTE TAMBIÉN.

Lo bueno del libro de Goleman es que acabamos preguntándonos si somos nosotros los protagonistas. Gracias a eso, tal vez alcancemos ese grado de sabiduría que consiste en cuestionarse cosas, hacernos preguntas, usar el conocimiento para cambiar nosotros, no para cambiar a los demás, como siempre pretendemos. Es un libro enriquecedor, siempre y cuando lo t

omemos de este modo, como una información psicológica que ayuda al propio aprendizaje si no caemos en la tentación, tan apetecible, de despreciar el libro, la teoría, el autor o la propia ciencia psicológica, como siempre hacemos cuando leemos algo que no nos gusta oír, y decir que “habrá otros que opinarán otra cosa” para minimizar sus razones, que secretamente nos han convencido. Pero cuando sepamos y aceptemos, a través de este libro, que nos mentimos, su lectura nos incitará a realizar una autocrítica de nuestras propias carencias personales, frustraciones y complejos, parcialidades y rarezas, y cuestionarnos ser mejores, o al menos, más condescendientes cuando metemos el dedo en ojo ajeno.

LA PSICOLOGÍA ES IMPRESCINDIBLE PARA NARRADORES

Por último, a los narradores siempre les recomendaré la psicología. ¿Qué es un personaje sino un conjunto de deseos, sueños, contradicciones y frustraciones expuestas en plaza pública y contrastadas en conflicto continuo con otros personajes también complejos y caleidoscópicos? Y si, en general, la mentira y la imposibilidad de ser objetivos constituye un 80%, sino más, del juego social, es muy conveniente saber por qué los arquetipos de personajes que vamos a usar en la vida real son personas que mienten o no, cómo y por qué mienten, cuales son sus circunstancias, aquellas que les incita a mentir y cómo, para trasladarlo correctamente al papel. Encontrar las claves y resortes del alma humana también está en lo psicológico. Sobre todo en lo psicológico. La psicología es imprescindible para un escritor. Lo psicológico es importante para elaborar personajes y ponerlos en conflicto. Piense siempre que entre las palabras PERSONAJES y PERSONALES sólo cambia una letra.

Es por eso que libros como este son fundamentales para que un buen escritor pueda desarrollar una buena trama, un buen conflicto.

 

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