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EL PUENTE DE LOS ESPÍAS

El puente de los espias es una película de buena factura hecha con oficio por un Steven Spielberg que demuestra una vez más su capacidad narrativa.

SIMETRÍA ESCTRUCTURAL, DOS HISTORIAS.

El principal acierto de la película es que no hay es una película sino dos. La primera, trata del espía ruso y su juicio. La segunda, del intercambio de espías. Estas dos partes, distintas, se unen en un todo con personajes principales que se repiten, otros que desaparecen y nuevos que aparecen. Los secundarios de la primera parte se esfuman, como el juez y aparecen nuevos, los políticos rusos y de Alemania oriental, mientras Tom Hanks y su cliente permanecen, es el eje que las une. Esa es la columna vertebral.

HISTORIA DE UNIÓN EN LA PRIMERA PARTE.

Además, las dos partes se unen con la historia del piloto.
En la primera parte o primera historia, ya se anticipa la segunda y el modo y manera en que la segunda se desarrollará. Hay un piloto, un aviador, que sabemos intervendrá en la segunda mitad. Sabemos cómo y de qué manera y asistimos a las evoluciones de este aviador con este conocimiento previo, anunciado por el abogado Tom Hanks. En efecto, todo ocurre tal como Tom Hanks pronosticaba. Dicho comúnmente, «las vemos venir», dándose el caso de dos espías secuestrados en ambos lados del telón, lo cual satisface al espectador, que disfruta de ver sus expectativas cumplidas. Porque sabemos además, desde un principio, que el piloto será secuestrado y vemos el proceso de su embarque en el avión y su misión de espionaje. Las expectativas las crea el propio de Spielberg y él mismo las satisface. Es una técnica a la vista, que da gran resultado si se maneja bien. Y una vez que el minicuento del piloto concluye, se inicia la segunda parte. Todo bien ordenado.

HISTORIA DE UNIÓN
En la segunda parte y asistimos, como digo, al comienzo de otra película con un argumento y un desarrollo diferente con los mismos personajes,. Primera historia del juicio estaba bien estructurada en secuencias de inicio desarrollo y conclusión en esta segunda también hay inicio, nudo y desenlace, a la manera clásica. Es una simetría estructural impecable.

PEQUEÑAS HISTORIAS UNIDAS

Volvamos al principio de la película para verla de otro modo, como sucesión de pequeñas subtramas.
Tenemos, para empezar, una pequeña historia, contada con gran genialidad, al principio: es el pintor ruso cogiendo el mensaje en un banco del parque: lo extrae de su cápsula en casa, lo analiza, llega el FBI y se deshace del papelito. Todo ello es un pequeño corto que merece por sí mismo que la película se vea.
Y es que Spielbert se preocupa de que cada pequeña historia tenga relieve, no hay secuencias prescindible y todo adquiera una importancia tanto argumental como estética y estilística insoslayable. Spielberg da importancia a casa secuencia, intenta que ninguna sobre y ese es el secreto de su poder narrativo. Da a cada minicuento un protagonismo lleno de plasticidad, se esfuerza en cada uno para que el espectador retenga todas y cada una de las en su retina. Para ello, carga de pequeñas anécdotas, ya sea haciendo uso de la posición de la cámara, por la actuación pintoresca del personaje o usando silencios, combinando primeros planos y medios, cualquier cosa le sirve para destacar y subrayar, sin perder el pie, controlando, sin exageraciones ni haciendo chocar estéticamente un efecto con otro, todo dentro del mismo estilo.

Así puede verse como mima esta primera aventura. Spielberg va salpicando de microcuentos el filme, como puede ser el modo en que la gente mira a Tom Hanks en el metro o autobús mientras leen el periódico…
La pequeña historias paralelas del piloto nos causa una extraña sensación porque sabemos como va a acabar mientras asistimos a su elección como espía, a los preparativos previos a su embarque, etc… conocemos a su amigo, que luego tendrá cierta importancia en el intercambio en el puente… durante todo este proceso sabemos que finalmente será secuestrado y ese es otro modo de mimar y dar volumen y relieve a un guión bien trabajado.

MULETILLAS QUE UNEN

El abogado Tom Hanks pregunta a menudo al ruso si no está preocupado y él contesta «sería de utilidad» Esta muletilla une y empasta diversas escenas y además señala con comicidad el carácter enigmáticamente frío del ruso. El modo en que Spielberg emplea, a lo largo de la película, esa muletilla demuestra que conoce los pequeños detalles y trucos del arte narrativo.
Otra muletilla es el excesivo nombre, demasiado largo, de la Alemania Oriental y de la URSS, sirven para lo mismo, como zona de enganche entre escenas y elemento humorístico. Podríamos decir que el humor son los engranajes de la historia, sirve para darla cuerpo unificándola.

INGENIO DEL ABOGADO

Otro de los elementos que estabiliza la narrativa de la película son los razonamientos que Tom Hanks lanza, ya a unos, ya a otros, haciendo alarde de su dialéctica ocurrente, propia de un abogado, en el peor sentido de la palabra. Digamos que el personaje es una parodia de los abogados y sus triquiñuelas picarescas, y este constituye un tercer guiño cómico. Los argumentos y silogismos que lanza al político del Berlín oestexxx, a los comunistas rusos o al juez están bien pensados, se cuidan, se razonan, forman parte del meollo de la acción, incluso a veces hay que rebobinar para caer en la cuenta del modo en que este abogado trapichea con las palabras y tuerce las premisas, sorprendiendo al propio espectador, para llevarse el gato al agua. Puede que Spielberg se basará en la realidad, puesto que se trata de un suceso real, y trasladará simplemente lo ocurrido a la pantalla, pero se necesita garra narrativa para hacer aparecer estos giros dialécticos, comprimirlos y dosificarlos a lo largo de la trama para que no cansen y sean efectivos y funcionales.

PERSONAJES RAROS

No sé si es porque los hermanos Coen andan detrás de esto, pero otro de los golpes cómicos, y van cuatro, de la película es el «moldeado interpretativo», así como la caracterización, de farsa cómica, de algunos de los personajes.

La actuación del ruso, su cachaza, sus nervios de acero, su inconsciencia casi paródica, pese a hallarse al borde de la muerte, nos seduce y nos intriga. Con la comicidad de un Buster Keaton, Spielberg nos ofrece a un hombre gris al estilo de la Lista Schindler para luego descubrirlo como personaje de comedia. Spielberg se vale de la comicidad, de la extravagancia de los personajes, de sus extrañas reacciones para llamar la atención. Así modela al director de la CIA, que con largas pausa y gesto distanciado encarga al abogado del seguro el rescate del piloto. O al secretario de la Alemania Oriental, diseñado al modo de Peter Sellers en teléfono rojo cuando se equivoca de auricular. El juez facha también es un personaje cómico y extravagante. Y también llamativo es el funcionario del FBI que acompaña a Tom Hanks. En realidad, la película tiene muchos personajes de farsa y recursos y apoyos humorísticos. Hay como una narración subterránea, una narración que fluye por debajo de la simple anécdota y que convierte a esta película en algo muy interesante, en una comedia encubierta. Cada uno de estos personajes se describen por acciones extravagantes y diversas, pero todos ellos despiertan la curiosidad y provocan la extrañeza del espectador.

CONCLUSIÓN

Por todo lo dicho podría pensarse que estamos ante una obra maestra y si lo observamos bien, desde el punto de vista técnico, aunque no llegue a serlo, sí tiene un gran nivel, y descubrir los secretos narrativos de Spielberg, cómo los usa y los manejas a su antojo, nos proporciona un verdadero placer. Estamos ante uno de los mejores narradores de este siglo. Sin embargo, la historia, aunque curiosa y digna de una película, tampoco es excesivamente sorprendente. De cualquier modo, también depende de los ojos que la miren. Tal vez se echa en falta que nos lo esperamos todo de Spielberg. Tal vez falte haber dado algo de más intriga, alguna pincelada que nos sorprendiera, que nos causará novedad, un giro argumental no esperable.

De cualquier modo, como película de entretenimiento y con una exigencia moderada, las podemos dar un 7, perfectamente e incluso un siete y medio

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