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PAN (Viaje a nunca jamás)

LA IMAGEN Y EL SONIDO

Para aquellos que disfrutan simplemente de la parafernalia visual, los alardes, la magnificencia del cómic gráfico que ahora se halla en movimiento gracias a los efectos digitales, para aquellos que les basta esto y que no consideran que una narración es lo más importante, dicha parafernalia es un buen sustituto de una buena historia. Según esto, Pan es una película buena y entretenida porque verán barcos surcando el cielo, batallas contra aviones o barcos, burbujas gigantescas con peces dentro, sirenas digitales, mundos grandiosos, minas espectaculares del tamaño del Cañón del Colorado por donde se mueven como hormigas millones de niños esclavizados extrayendo materiales preciados y además ¡¡ha venido, señoras y señores, el Circo del Sol!! Sí, porque una serie de actores extraídos directamente del teatro de cabaret o de el figurinismo circense salen a cubierta pegando brincos en un alarde de enanos, feos, contrahechos, deformes y demás figuras ridículas. Los personajes se llevan al extremo de la farsa de café teatro y se convierten en gimnastas imposibles, realizan coreografías más que movimientos, componen figuras contrapuestas, atractivas y subyugantes. ¡¡Estamos, ladies and gentelmen, ante un carnaval de disfraces dignos del mejor teatro de Broadway!! ¡¡Los piratas son de diseño!! ¡¡el vestuario, el atrezzo, las joyas, los collares, las plumas, los sombreros, las casacas con faldones, los bombachos, nos deslumbran y nos alucinan!! De igual modo, el detalle con el que se ha cuidado cada elemento del barco, de fabricación digital, es prodigioso. Una técnica muy depurada, un ingenio desbordante, un resultado profesional y casi perfecto. Acompaña a este resultado


simplemente visual unas actuaciones excelente de los actores, principalmente de una maestro de ceremonias, el gran Hugh Jackman, que está a la altura de un Joel Grey (el de Cabaret), y una enigmática

Trigrilla (Rooney Mara) qué se encuadra en ese tipo de personajes de carácter de corte moderno, con su rostro enigmático, gesto extraño, misteriosos, de mirada intensa y casi extraterrestre, atractivos por su composición gestual. No desentona, sin embargo, que se le haya dado a Tigrilla esa personalidad de heroína capacitada para la lucha pero a la vez displicente, dura. Tigrilla muestra en el gesto un aire de curiosidad mezclado con un no sé qué asustadizo o sorprendido. Una interpretación que llama la atención cuando, de vez en cuando, tan solo un par de veces en la película, sonríe rompiendo su figura y mostrando una encantadora relación amorosa con el Capitán Garfio.

Todo ello conforma un todo expresionista que brota de la pantalla. Se ve que los guionistas son de teatro, del mundo de las artes escénicas, pero no de la narrativa, que es distinto. Las interpretaciones no son naturalistas, sino extravagantes, propias de una peli infantil, cargadas de recursos que pretenden antes epatar que construir una lógica psicológica. Todo está muy bien conseguido respecto a lo que corresponde a la imagen.

TRAICIÓN A LOS PERSONAJES

Distinta es la valoración si nos centramos en la narrativa, que falla por todos lados. La película se nos vende como precuela, como una explicación que se pretende dar al estado de cosas del film de referencia, el de dibujos de Disney. Y les sale una explicación un tanto extraña, la verdad. Aquel niño que no crece, que vive en un mundo imaginario más allá de las estrellas, tuvo un origen ¿Cómo llego Peter a ser Pan?. Es aquí donde a los guionistas la cagan. Les da igual Pedro que perico y nos cuentan lo primero que se les ha venido a la cabeza. Y no está mal el principio, la verdad, la idea original es buena. Se trata de que los piratas secuestran a los huérfanos para esclavizarlos en sus minas, en las minas de un pirata malo que no es Garfio sino Barbanegra. El problema es que, traicionando el espíritu de los personajes de James Barrie, a Garfio le visten de Indiana Jones y le convierten en injustificadamente bueno mientras que un personaje nuevo, como puede ser el advenedizo Barbanegra, usurpa el verdadero papel de Garfio. Está bien que este tipo de trucos se usen. En la propia biografía de los grandes dictadores hay sorpresas donde la imagen que nos ha llegado no corresponde a su realidad anterior, pero la ruptura de las figuras, en este caso, confunde y es gratuito. A veces, una idea más sencilla resulta más satisfactoria, pero andar cambiando papeles de manera injustificada, no funciona, sobre todo en contra de un imaginario colectivo infantil. Campanilla no tiene ninguna intervención en la precuela y queda desaprovechada. Tigrilla, que es una niña de catorce años en la película de Disney, frente a un Garfio cincuentón, aquí la vemos como una moza ya casi de treinta que flirtea con otro treintañero llamado Garfio. En definitiva, un despropósito. Y lo mismo da pedro que perico, porque resulta que Tigrilla hace las veces de madre de Peter Pan o de madrina suya mientras que en la peli de dibujos era una amiga adolescente. De igual modo, el alter ego del dios pan que Disney refleja como duende verde, gallito y pícaro, aquí lo vemos como un niño llorón, previo a convertirse en héroe que necesita a Tigrilla de madrina o madre y que no hace más que preguntar por su mamá, como Marco. Otra imagen que se rompe, porque el Peter Pan de dibujos es más hombre y un galán para Wendy. Que en la peli de dibujos Peter Pan pida a Wendy que haga de madre de lo niños perdidos lo percibimos como añadido a que también sea él padre de los hijos de Wendy. Lo vemos factible, hay un flirteo de fondo entre Peter Pan y Wendy porque hay más hombría en el Peter Pan de Disney, que en este de la Warner. En este, su personalidad de galán se traiciona.

O sea, que no sólo nada corresponde a nada, sino que lo que hay se ha hecho al arbitrio de la ocurrencia y sin consideración a la existencia de un previo que había que tener en cuenta, sobre todo porque se está prometiendo una explicación previa y no cuela una precuela donde se traicionan roles. Esta precuela pierde todos los referentes del imaginario colectivo que subyace en el film de los cincuenta. Y si todo fuera en abundancia de que se les ha ocurrido una cuento extraordinario, una gran idea, estaría justificado pero por desgracia no es así.

FORMATO NARRATIVO

Por otro lado, el formato narrativo que se aplica a la historia es el de «sucesión de aventuras» sin engarce alguno, al modo de obras como la isla del tesoro o «El Señor de los Anillos» Se trata de la «novela o película viaje». Para mí, películas o novelas viaje buenas hay muy pocas, (y el Quijote es una) porque hay una gran dificultad en que los mimbres de la trama se engarcen bien. En este subgénero da igual donde vayan los personajes, el caso es ir y hacia delante. Hay un objetivo final, pero una vez empiezan no hay una unión de sucesos, vueltas atrás, todos sucede «avanzando «. Al guionista le da igual que ahora se batalle en una mina, en un bosque, se entre en una cueva sin justificación alguna… interesa que suceda. Lugares y acontecimientos aparecen sin más, sin explicación alguna, y ya está. Porque la narrativa no intenta justificar, explicar, sólo hay sucesos. Que sí, que no es cuestión de llevar a cabo una explicación exhaustiva pero debe existir para que la cos se estructure, los mimbres de cada momento estén bien engarzados. Son aventuras estilo videojuego, lo que importa es lo visual, el cambio de ambientes. Tan solo preocupa que la siguiente escena, la siguiente batalla.

COPIANDO DE TODOS LADOS

Se añade a todo esto haber caído la película en la trampa de mezclar personajes extraídos de otras películas como elemento ya no argumental sino también visual que dé variedad y diversidad a la obra. El orfanato y las canciones de los huérfanos nos recuerdan a la película de Oliver, del año 68. Es una copia descarada del musical de los sesenta. Además se mezcla con el personaje de monja malvada, fusilada directamente de la película «Matilda». También es conocido el personaje del viejo que necesita una sustancia para conservarse joven, al estilo del dr. Jeckly o del Retrato de Dorian Grey. Cierto que todo está inventado y encontramos referentes de cualquier idea en clásicos anteriores, pero creo que Pan no se inspira ni bebe, sino que copia solamente para componer un guión sencillo pero sin ingenio ni fuerza en la trama, salvo en la puesta en escena. Porque lo que se exige en una película que copia es, al menos, que renueve y remoce. Pero no, copian y ya está. El caso más claro es la monja tipo Matilda, repitiendo incluso expresiones y gordura, y en el inicio al modo del musical de Oliver donde hasta el estilo coral de los niños cantando es una transposición descarada.

Oliver Twist y sus huérfanos ya son lugar común, no hace falta repetirlo en Pan, aunque habiendo huérfanos ingleses es inevitable. Hasta Barrie se sintió tentado con su Peter Pan y copió a Dickens. Pero podrían haberse esforzado en contar una historia en un orfanato que no repita tanto tópico del dueño maligno, los niños torturados, la miseria, el hambre y el niño rebelde que se escapa… Incluso repitiendo, han perdido una gran ocasión de ofrecernos, por ejemplo, la infancia del padre de Wendy… porque yo pensé que el amigo de Peter… el que se queda en tierra… pudiera haber servido… ¿y si el padre de Wendy hubiera sido el amigo de Peter? Esta o cuestiones similares hubieran sido de mayor interés al tener mejor engarce con el principal referente, la película de dibujos.

CONCLUSIÓN

En definitiva, hay miles de películas digitales que retoman el asunto de Peter Pan, ahora con actores reales. Está el Hook de Spielberg… hay una versión con actores reales de hace unos años y no sé si alguna más… y ahora también les ha dado por pasar a digital clásicos de dibujos como Cenicienta y similares… en fin, una moda donde la cuenta pendiente sigue siendo un buen guión, por mucho que guionista confíe en los efectos de ordenador para deslumbrarnos. Y aciertos como Maléfica son escasos.

Valoración, 5,5

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