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La Orestiada Merida Festival 2017, crítica de la obra de teatro de este verano

La orestiada, escena con personaje de electra y criada

Comienza el Festival de Mérida con esta obra dirigida por José Carlos Plaza y e interpretada entre otros papeles por Ana Wagner, Ricardo Gómez (el Carlitos de Cuéntame), Amaia Salamanca, Roberto Álvarez, el padre de Ana y los 7 y otros famosetes y menos.

LA ORESTIADA EN GOOGLE.

José Carlos Plaza, director de La Orestiada

Jose Carlos Plaza

Sí, lo confieso. Pinchas Google y allí aparece Esquilo, autor de las tres obras, sobre el drama griego de estos crímenes. Agamenón gana en la batalla de Troya, pero para ello ha sacrificado a su hija Ifigenia. Cuando vuelve, la madre, que de paso se ha echado un novio, Egisto, mata a Agamenón. Y ella y el novio, Egisto, se convierten en tiranos y es cuando Orestes, el hijo que desterró la reina, regresa del exilio y mata a su madre y a su novio.

Quince líneas, ¿a que sí? O menos. La cosa es, como todo drama griego, un asunto entre cuñados, suegros, primos. Ya sé que decir esto es como decir que la ópera son gordos que se gritan, pero a la postre, convengamos que es así.

¿ENTONCES ESTÁ BIEN O MAL LA REPRESENTACIÓN DE LA ORESTIADA FESTIVAL DE MÉRIDA 2017?

Paciencia, todo llegará.
Antes decir que yo este resumen de Google lo hubiera puesto en el programa de mano, para quitarme líos. Porque aquí, de lo que se trata, es de cómo es la propuesta, si es bonita y original o es un ladrillo. La historia no importa tanto. ¿Entienden por dónde voy?
Cierto que para los que somos un poco desmemoriados, nos hace falta recordar cada verano quién narices mató a quién, pero enseguida lo pillas. Lo que pides es que sea distinto y esta puesta en escena tiene poquito de novedad.

¿ENTONCES NO VOY A LA ORESTIADA MERIDA FESTIVAL 2017?

Bueno, sí puedes ir. Puedes ir y no. Porque tiene su cosa. Verán.

LA ORIGINALIDAD SOBRE LA HISTORIA.

Ya digo que la historia no tiene misterio, es un antecesor de Hamlet, y si se mira por aquí algo de originalidad hay. Pero quieres que haya originalidad, puntos de vista teatrales diferentes, juego escénico, ingenio, inteligencia.

No se trata de repetir quién es quien para que quede claro. Si fuera una historia nueva, desconocida, te sorprenderían los giros del argumento. Aquí no podemos jugar con eso. En Grecia los crímenes no sorprenden y todo es lo mismo, así que hay que buscar el entretenimiento en otra cosa. ¿Filosofía de fondo, belleza de la palabra y originalidad teatral? Veamos cada una de estas cuestiones.

DECIR O MOSTRAR. ¿ORIGINALIDAD TEATRAL?

Te encuentras con unas escalinatas enormes tipo Foro Romano donde los políticos están arriba y el pueblo replicando abajo, como coro y como personaje. En principio está bien estructurado. El problema es que tanto la escenografía como la primera hora de representación, es estática. Y es estática porque, dice no muestra.

LA PRIMERA PARTE, DECIR.

Recomiendan los manuales de técnicas narrativas que es preferible mostrar a decir. O sea, que si tienes que contar un crimen, que lo vea el público, que el crimen esté ahí, delante de tus narices, que ocurra en presente, que el espectador vea el momento en el que ocurre. Eso es mucho más eficaz verlo que hacer que venga alguien a contar lo que el espectador no ha visto, como un cuentacuentos. Si hay que matar a alguien, mátalo en escena.

Si una pareja se conoce, se ama, sufre, se apasiona y se casa, queremos ver todo ahí, en el escenario y no que alguien nos diga que un día se casó hace mucho y que se querían mucho o no. El teatro es narrativa, y narrativa es mostrar, como el cuento y la novela. Las cosas tienen que ocurrir en presente y ante los ojos.

María Isasi como Casandra en La Orestiada

María Isasi

Sin embargo, Luis García Montero nos plantea como aperitivo, de entrada, a un pueblo que empieza a filosofar, en un juego de voces bastante original, pero demasiado largo en su desarrollo. Filósofa, habla sobre la tiranía, sobre la democracia, sobre la violencia, sobre el ansiado fin de la violencia… Pero no se cuenta nada.

Luego aparece Agamenón, y dice que ha ganado la guerra de Troya y ha matado a Ifigenia para complacer a los dioses y propiciar la victoria. Y todo esto es lo que ocurre durante toda una hora. A través de largos, interminables, cansados discursos estáticos donde los personajes apenas se tocan, apenas se relacionan. Se usa y abusa de discursos, se los dicen unos a otros con solemnidad de teatro clasicón sin que haya nada más que reiteraciones.

Se dice una y otra vez como se ha ganado Troya. No vemos la batalla. Montero intenta que el verbo sustituya a la imagen pero no lo logra por ser demasiado largo. Y, por muy bonito que sea el verbo con el que se describen naves ardiendo y muertos en el agua, nos apetecería ver figurantes espada en mano. Fernando Ramos lo tiene más claro, vean su Numancia.
En la Orestiada merida festival 2017 la guerra de Troya no importa. Y está bien que no importe, pero si no importa, aligera, reduce a un cuarto de hora, que para contar eso no se necesita más, y pasa a la acción, que estamos en teatro. Es decir, la primera parte, cuenta, pero no muestra y aburre.

EL CORO

Ya digo que el pueblo es el coro y, como coro, anticipa lo que ocurrirá, el fin del bucle de sangre y la llegada de un modo de gobierno asambleario y democrático. Conceptualmente está bien y como recurso teatral se desarrolla bien, con voces alternadas, pero el efecto se repite durante una hora sin que haya variación, sin usar otros recursos teatrales y el exceso de recreación en este juego, por bueno que sea, acaba cansando.

ESTATISMO

Escena de La Orestiada con Ricardo Gomez

Ricardo Gómez

Una pregunta para los que hayan visto ya la Orestiada merida festival 2017. ¿En que se fijaron? ¿A que ustedes recuerdan perfectamente a cierto figurante que correteaba de un lado a otro en el proscenio? En efecto, un niño, era la única figura que se movía. Pues bien, es un fallo. Ustedes no debían haberse fijado en el niño porque no era unl protagonista ni soportaba ningún peso en la obra y, sin embargo, se fijaban en él porque los no se movían. Porque estaban clavados y echando discursos y el único que realizaba movimientos físicos era ese chaval. Porque el coro, con cojear a la derecha, pararse y cojear hacia la izquierda para volverse tenía bastante. Es decir, movimiento escénico, cero.

LA SEGUNDA PARTE, MOSTRAR.

Sin embargo, afortunadamente, la Orestiada Merida Festival 2017, empieza a mostrar cosas en la segunda parte.
Ya al final de la primera parte, cuando Clitemnestra mata a su marido Agamenón, empieza el conflicto, los personajes se enfrentan y pueden incluso llegar a relacionarse físicamente. No lo se mueven mucho porque es una propuesta muy plana, muy estática, sin movimiento, todo es discurso y palabra, pero ya empieza a haber movimiento. Algo de movimiento.

La estructura simétrica de la primera parte con los protagonistas arriba y el coro abajo se rompe, varía. Desaparece al fin el dichoso coro que nos torturó durante una hora y aparece Orestes, su hermana y una criada. Y con estas tres figuras, quitando a los demás de en medio, nace otro estilo, con otra técnica, más minimalista, menos suntuosa, aunque el decir sigue siendo solemne.

Aquí es donde el peso de los actores debería haber dado calidad a la obra, pero Ricardo Gomez, Amaia Salamanca y la otra chica, con ser actores buenos son medianos, (no mediocres) No son geniales y no creo que tengan suficiente fuerza escénica para soportar ni siquiera veinte minutos de un texto como este. Luego hablaremos de ellos.

PASAN COSAS

En esta segunda parte pasan cosas en presente, no en pasado. Ya no es una guerra contada y descrita. A Orestes le vemos llegar. Habla con su hermana, vemos cómo ambos se descubren mutuamente, lo vemos en tiempo real, en tiempo presente. Orestes se entera, ante nuestros ojos de que su madre a mató a su padre. Sufre dudas. Se descubre y sufre ante nosotros. Ve a su madre. Mata al amante. Mata a la madre. Y todo eso ocurre ante los ojos del espectador. Es decir, ya estamos viendo teatro, no discursos. Pero claro, nos han dado la del pulpo en la pesada primera parte y ahora ya no tenemos el cuerpo para aguantar las elucubraciones del autor, que esa es otra.

EL AUTOR Y EL VERSIONADOR. LA ORESTIADA MERIDA FESTIVAL 2017, TEATRO PARA LEER

Actor Alberto Berzal como EgistoEl autor, Esquilo, y el versionador, Montero. No sé si hay más del uno que del otro, pero habría que distinguir a estas alturas entre teatro para leer y teatro para representar. Creo que son dos géneros distintos.
Lo que vimos en la Orestiada Mérida Festival 2017 fue teatro para leer, no para representar.
Cuando predominan las elucubraciones filosóficas, los adjetivos poéticos, los ingeniosos argumentos sobre la acción, ahí tenemos una obra para el teatro leído. El teatro para representar debe ser menos denso en adjetivos, en poesía, en elucubraciones. Debe reducir estas elucubraciones y poesía al mínimo para dar prioridad a la acción, a la relación entre personajes y al conflicto narrativo.
Es cierto que debe darse, junto con lo que sucede por fuera y en sucesos, angustias y dudas de sus protagonistas por dentro cuando realizan estas acciones, pero debe estar medido. Si es teatro para representar, la acción debe superar a la elucubración. En el teatro leído podría hacerse al revés, en teatro para representar no. En teatro para representar debe existir también movimiento físico y acción dramática, subordinándose la acción interna.

En la Orestiada Mérida Festival 2017 #luisgarcíamontero se quiere mucho a sí mismo y se deja llevar por la pluma, por la metáfora, por la poesía, las elucubraciones políticas que él particularmente hace. Subordina a ella la acción, que queda bajo mínimos. Aunque en la segunda parte hay, la elucubración filosófica y poética sigue ocupando mucho y a las doce de la noche, después de una hora de discursos contándonos cómo ha sido la guerra de Troya, no nos apetece oír las teorías sobre la democracia y la tiranía.

LAS IDEAS POLÍTICAS, ARGUMENTOS Y POESÍA EN LA ORESTIADA MERIDA FESTIVAL 2017.

Luis García Montero, poeta y adaptador de la Orestiada

Luis García Montero

Pero si dicha filosofía, poesía y política no es algo teatral, es decir, incluso es contraproducente a lo teatral, por si misma interesa. Si estuviéramos en teatro leído, aplaudiríamos con las orejas y nos detendríamos a reflexionar. Porque es cierto, se hacen elucubraciones filosóficas muy interesantes. Recordemos que Luis García Montero es sobre todo poeta, luego político (de izquierda unida), luego ensayista y tiene alguna novela, pero creo que no ha pisado mucho este género, el teatro.

Y en lo que respecta al fondo ideológico, en efecto, hay una teoría de fondo sensible e inteligente que incluso está bien engarzada a la evolución de la trama. El problema son los contrapesos con lo teatral.
Al principio, como una profecía, el pueblo dice que está harto de sangre, de crímenes en el Reino, y se pregunta cuando acabara y llegará un periodo de paz sin venganzas y traiciones. Vemos que los crímenes continúan y los personajes plantean cómo detener el flujo. Incluso los verdugos plantean que es necesario parar la espiral. Orestes será la esperanza que soñaba el pueblo.

El último tirano, el último asesinato y a partir de ahí, la esperanza de la democracia, del fin de las tiranías y las venganzas de sangre, un pueblo en paz que rompió el ciclo del que no se podía salir.
Imagino que la democracia en que está pensando Luis García Montero, dada su ideología, es más asamblearia que capitalista. Así se dice, literalmente.

Es interesante la propuesta y los matices que Luis García Montero aporta. Habla de la historia, de cómo la gente olvida, de cómo el pueblo puede ser convencido si se le llena el estómago… hay una crítica (desde la izquierda) a la destrucción de esa esperanza con la llegada de “la política” en términos negativos. Cómo, pese a que la democracia es el menor de los males, se augura una democracia controlada desde el Estado.Teatro romano de noche con espectñaculo

Habla de cómo ´la rebelión no debe ser venganza, ¿es esto además una crítica al modo en que el capitalismo “detiene” el avance de la verdadera democracia con la prudencia? Se dice que no es deseable la tiranía pero tampoco la anarquía. ¿Luis García Montero lo pone en boca de Orestes como realidad que le decepciona?, ¿como convicción y rectificación en su madurez?, ¿como claudicación a los ideales de izquierdas? ¿como ironía desesperanzada?

Un estado controlador de masas como algo necesario, ¿dictadura del proletariado para propiciar una verdadera democracia o intereses del capital para evitar rebeliones? Nosotros tenemos la respuesta. Y también otras elucubraciones sobre la relativa maldad de los tiranos, cómo el tiempo lo cura todo, limpia la sangre, como los crímenes parecen otros cuándo pasa el tiempo y la historia los transforma.

Habla de cómo las cosas sacadas de contexto parecen otras, cambian su visión de la sangre si cambian los momentos históricos… Esto y mucho más aporta Montero, pero siendo inteligentes y matizadas las reflexiones, son demasiado largas y lastran lo teatral.

Además, no son elucubraciones para ofrecerlas a la una de la madrugada, en un día laborable, y sin recursos teatrales variados.

EL PROBLEMA, DEMASIADO LARGO

Amaia Salamanca en una escena de La Orestiada

Amaia Salamanca es Electra

El problema es que Montero se quiere demasiado a sí mismo y no renuncia a ninguna de las metáforas ingeniosas o ideas que se le ocurren, y si se le ocurren cinco, nos coloca las cinco, no selecciona la mejor y claro, una metáfora bien hecha, gusta. Cinco, multiplicadas por otras cinco, más otras cinco, más otras cinco, llega a hartar. Economía del lenguaje, que se llama.
Todo, en general, debería durar menos. Debería haberse dicho todo con menos palabras. Tijera, en una palabra.

LOS ACTORES.

Ya he adelantado que Amaia Salamanca y sobre todo Ricardo Gómez no son actores que pueda sostener con vigor un texto como éste, con unos condicionantes como los descritos, con una puesta en escena insuficiente y en un señor Festival de Mérida. Ricardo Gómez, (Carlitos en Cuéntame), es un actor mediano, vuelvo a decirlo. No es malo, el chico se esfuerza mucho, tiene pundonor, quiere hacerlo bien, pelea con rabia el papel, pero cuenta con facultades orgánicas limitadas. Lo que natura no da, Salamanca no presta. Tampoco a Amaia.
Es cierto que puedes aprender técnicas dramáticas y convertirte en un gran actor, pero si además la fuerza te acompaña, podrás con más. Cierta energía atrayente natural e impactante, orgánica de por sí, es buena para un actor. A Carlitos siempre le he visto… (Perdón, a Ricardo)… como un niño que quiere hacerse el machote y lo consigue a medias. No es un problema de su personaje en #cuéntamecomopasó, sino del actor. En Orestiada Merida festival 2017 se descubre que interpreta igual a Carlitos que a Orestes y que no tiene fuerza, por mucho que intenta sacarla y se esfuerza por lograrlo. No es su culpa.

LA ORESTIADA FESTIVAL DE MÉRIDA 2017, TEORÍA SOBRE EL PROBLEMA DEL FESTIVAL

Cartel anunciador del Festival de Teatro clásico de Mérida 2017Y es que la Orestiada merida festival 2017, al igual que muchas obras del Festival de Mérida, son representaciones dirigidas a un público mayoritario, que se ve atraído por el famoseo.
Difícil equilibrio entre obras que den dinero por ser mayoritarias y llenen el patio de butacas y además gusten. Con el problema además de estar limitado a los clásicos.
Está claro que para llenar, se necesita traer mucha gente y la mayoría son consumidores de televisión y de famosos. Por tanto, si traes a Amaia Salamanca, a Carlitos de Cuéntame y al padre de Ana y los 7 (la gente lo entiende así), pues la gente viene. Pero ¿son esos los mejores actores de España? No, desde luego. Aunque no son malos, no tienen la categoría de un Jaume Valls, un Juan Pera, o todo el elenco de chicas de T de Teatre (por cierto una de ellas, Miram Iscla viene este año, me la perderé, creo). Sí, ya sé que muchos no les suena. Al que le guste de verdad el teatro, les conocerá. Les aconsejo se pasen por la sala Trajano de Mérida, donde ponen muchas mejores obras.
Pero este es un festival para mayorías, con obras, como en este caso, donde sí se te ocurre innovar o ser original, la gente no lo va a entender y se te van a echar encima por rarito. Porque aquí no viene el que suele ir al teatro, sino el que va de turismo. Así que Jesús Cimarro, que conoce el paño del teatro comercial y trae aprendida la lección, se cuida de traer cosas que no sean “raritas” que la gente no entiende, y que serían mucho mejores pero más impopulares. Elige este tipo de obrón pesado que se queda a medias de todo.

LA ORESTIADA MERIDA FESTIVAL 2017 FRENTE A ELECTRA, DE LA COMPAÑIA DO CHAPITO.

Usé muchas menos palabras en su día para crítica de la obra Electra, de la compañía do chapitó, que vino en mayo a la sala Trajano. En su día dije que lo tenía difícil el Festival de Mérida para superar a estos actores portugueses. La experiencia me da la razón. Mucho mejor que en la Orestiada Mérida Festival 2017, la compañia do Chapito nos trajo la misma historia, las luchas internas en la casa de Atreo, pero mejor contada. Allí si vimos a muerte de Agamenón, de Ifigenia y la batalla de Troya, que aquí no se ve, en tono de humor.

Esta historia ya se nos contó en mayo con mayor originalidad por la compañía portuguesa, compuesta por sólo tres actores, sin ningún tipo de decorado y usando solo cucharas. Y más barata la entrada. La Orestiada Merida Festival 2017, con mapeados sobre columnas y trajes extraordinarios, no le llegó ni a las suela de la teatralidad. Y el público de la Trajano aplaudió con muchísimo más entusiasmo. Es la diferencia entre el teatro mayoritario, menos teatral, más miedoso, menos arriesgado y de menor calidad que el teatro de verdad.

Y es una pena, porque yo supongo que este post tendrá muchas más visitas que el que hice sobre la compañía portuguesa. Porque como es teatro mayoritario, también hay más gente que se interesa. Nos interesamos más por lo que menos calidad ofrece pero más popularidad tiene, qué le vamos a hacer.

Aún así, no hay que quitarle mérito a la Orestiada Mérida Festival 2017 porque es un trabajo teatral, se ha hecho con esfuerzo, con ganas, con ilusión, con miedo a defraudar, con prevenciones de no ser demasiado rarito, por no arriesgarse mucho, que luego la gente no entiende, lo cual supone una esclavitud para el que monta, si es que realmente es un director y le gusta el teatro. Pero si hay que comer, pues tendrás servidumbres, para poder vivir del oficio. Es algo que ya se contaba en la la Land o en chef, la película. (No hagan caso, son cosas mías)

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Electra, de Do Chapito, representación del 3 de junio de 2017

UNA REFLEXIÓN SOBRE EL SENTIDO EL FESTIVAL DE TEATRO CLÁSICO DE MÉRIDA

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