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HUCLEBERRY FINN, de Mark Twain

fotograma de película de los años 50 sobre Huckeberry Finn, niño protagonista fumando pipa y con una caña, color

Huckleberry Finn, secuela de Tom Sawyer.

Tras el éxito de las aventuras de Tom Sawyer, Mark Twain se vio «obligado» a escribir una continuación -tal vez porque quiso, tal vez porque a ello le invitó la editorial o ambas cosas-.

Lo primero que apreciamos es el carácter diferente de Huckleberry y Tom. Si Tom era más dúctil, puesto que vivía entre dos mundos, la picaresca y el familiar, Huckleberry es engañoso. En principio sólo es pícaro, no vive, en apariencia, en dos mundos. Es, por ello, menos maleable, porque sólo es desarraigado, no hay contraste en su personalidad, carece de ese componente burgués. Es de bajo estrato social. Luego veremos que no, aunque así se quiere dar en la primera parte, en Tom Sawyer.

EL ACIERTO DE TOM

El atractivo de Tom consistía en ese contraste. El lector asistía al modo y manera en qué un muchacho, sometido a una vida familiar tradicional, buscaba la picaresca, la aventura, una cierta liberación. Le veíamos yendo a misa, a la escuela, sometido a su tía Polly, a su convivencia con su hermano Sid, yendo a la escuela y enamorándose al modo convencional de una niña del colegio. Por otro lado, le vemos en sus escapadas con Huckleberry, guiado por este pícaro más avezado, huyendo a las islas del río Mississippi, pasando la noche fuera, entrando en cementerios, en casas encantadas y metiéndose en líos de crímenes, siendo testigo de ellos…

Como ya dijimos, dos mundos que ofrecer y que se alternan en un jugoso contraste. Esto no solo entretiene, también diversifica y le enriquece.
De algún modo, pese a que ha pasado el tiempo y las escuelas ya no son como entonces, ni el modo de vida que se describe, el mundo es burgués, aunque no sea de la burguesía actual, más rica. Además es burgués en su sentido moral social y religioso, frente al mundo libre de Huckleberry.

LA NOVELA DE HUCKLEBERRY, PRESENTADO COMO PÍCARO

En la novela de Huckleberry contamos con el imagen que de él nos hicimos en Tom Sawyer. No existe este contraste. Los primeros capítulos de esta segunda obra nos muestran, de entrada, de nuevo a ese pícaro tal como esperamos: no va a la escuela ni a misa, vive en completa libertad y su mundo familiar no existe, acaso desestructurado, con un padre borracho y violento. Es muy diferente a Tom y eso esperamos. Es menos diverso porque no existe un conflicto interior, un contraste entre familia y mundo libre, pero esperamos eso. Un pícaro completo, sin fisuras, y las aventuras que se prometen no las percibiremos con una repetición de Tom. Digamos que Tom Sawyer de algún modo es consciente de la parte oscura de dichas aventuras. Huckleberry se ríe de sus consecuencias. Lo notamos en la primera parte.

LA TRAICIÓN DE HUCKLEBERRY

Así, en las primeras páginas, aparece el pícaro. Parece que Mark Twain no repetirá la idea de un Tom Sawyer, un niño normal que crece hacia la edad madura. Pero el éxito de Tom es el contraste familia/picaresca y el conflicto interior de esta dicotomía. Además Tom es una obra escrita desde la necesidad orgánica de contar aventuras o de diversión pura, aunque no dejó de divertirse con esta obra.
Es cierto que Tom muestra una prosodia más elemental (salvando las dificultades de la traducción) pero es más intuitiva estructuralmente hablando.
Por el contrario, no se detecta en Huckleberry ni esa necesidad de contar ni se tiene tan claro cual va a ser el conflicto interno del personaje. Twain se decide por la aventura exterior más abundante pero en un solo eje, y prescinde de esta lucha interna.

EL CAMBIO DE ESCENARIO

En Tom Sawyer se producen cambios de escenario: la Iglesia, la casa de tía Polly, el río, la isla, el colegio… Provocando en nuestra visión mental una diversidad. En Huckleberry gran parte la acción se desarrolla en el río, en una travesía que guía a Huckleberry de isla en isla o de pueblo en pueblo. Un escenario donde el agua, las barcas, es la única plasticidad que se ofrece, que sólo varía en la casa del muerto y en el teatro. Pero en nuestra mente, los escenarios de Tom Sawyer son más vivos, varían más y más a menudo. En Finn es todo más uniforme.

LA ESTRUCTURA

Ambas obras, Tom y Huckleberry, suelen tener el mismo componente, huir de un entorno seguro, salir de una zona de confort y probar a ver qué pasa

LA ESTRUCTURA DE TOM FRENTE A LA DE HUCKLEBERRY

Imagino que el mayor mérito y calidad que se ha atribuido a Huckleberry Finn se basa en que hay menos aventuras pero más extensas y no una suma de pequeñas y diversas. No sé si por ello ya se la puede calificar de mejor novela, puede que mejor estructurada, pero tiene más fallos que Tom en otros sentidos.
Tom Sawyer desarrolla más escenarios y salpica la historia con más subtramas. Tiene una estructura más deslavazada, pero más rica.

CONCIENCIA DE TWAIN DE EPATAR Y SUS MODELOS

TWAIN CERVANTINO

Twain revela una conciencia de autor y en su propia obra revela los mecanismos e hilos de su trabajo. Que el propio Huckleberry Finn nombre en repetidas ocasiones a Don Quijote, tal vez revele el inconsciente o consciente de Mark Twain, que se sentía como Cervantes en la misma circunstancia cuando escribió la segunda parte del ingenioso hidalgo, obligado por el éxito de la primera. Sentirse cervantino, por parte de Twain, revela muchos condicionantes en el autor que nos ayudan a juzgar la obra.

TWAIN Y EL PRIMER AUTOR DE TOM SAWYER

Podríamos decir que Twain se ve a sí mismo como un autor ajeno. Habla como si el autor de Tom Sawyer hubiera sido otro. ¿Por qué lo digo?
Un aspecto curioso es la conciencia que tiene Twain de secuela con obligación de alcanzar el mismo éxito que su predecesora. El llamamiento al lector para que acepte las aventuras de Huckleberry como algo conocido y similar a Tom, es constante. Aunque Tom Sawyer no aparece al principio en la novela de Finn, Twain se encarga de que continuamente esté presente, de que los personajes le citen.

Es un llamamiento, una estrategia para interrelacionar esta nueva obra con la anterior y lograr que alcance así el mismo éxito. Lograr que la primera novela tire de la segunda. Se trata de que el lector agradecido por Tom acepte a Huckleberry en la misma medida, como una natural secuela. Hay como un miedo editorial latente, como un claro conciencia de venta por parte del autor.

EL ENGAÑO DE HUCKEBERRY COMO PERSONAJE

No me parece mejor obra Huckleberry Finn en lo que respecta a la construcción del personaje protagonista. Aunque es un personaje más atrevido y pícaro y, en principio, ofrece aventuras más jugosas, y aunque las de Tom Sawyer pudieran ser menores en su trama superficial, las de Tom son más vivas y brillantes en su vivencia interior y exterior.

¿RACISMO O ANTIRACISMO?

Comenta Vargas Llosa que esta novela es un manifiesto antirracista o, si llegara tanto, dice que Twain se posiciona contra el racismo y trata a los negros de igual a igual. No es así, acaso al contrario.

Pese a que, en el fondo, a través de Jim, los negros salen bien parados y hay un poso de tolerancia respecto a ellos, no hay un claro antirracismo. Para un lector actual, al revés. Hoy se exige que el antirracista no muestre ninguna fisura. Hoy, cualquier ataque cultural contra un negro es detectado como signo de racismo, aunque corresponda a una realidad. Por ejemplo, acusarles de crédulos e ignorante, sería hoy racista, aunque fuera sociológicamente general esta característica en dicha raza. Sin embargo, Twain no tiene miedo a generalizar en boca de los personajes, en destacar su incultura como característica de la raza.
Es cierto que en el desarrollo de la obra hay un posicionamiento sociológico a su favor, pero no deja Twain de destacar ciertos rasgos. Jim es crédulo, se le engaña fácilmente y ante una broma, acude a la superstición religiosa, dibujando así al personaje como inferior. Mark Twain se hacía eco de una realidad que hoy día sería tachada de racista, por real que fuera. El modo de entender el racismo no es lo mismo a finales del XIX que hoy
En realidad, el negro Jim es un acompañante y no un compañero. Le sirve a Huckleberry para interlocutor, pero no es un auténtico amigo. Es un compañero de circunstancias y continuamente Huckleberry hace referencia a su condición de paleto. No se detecta aprecio hacia él.

Y pese a que se ha cantado en numerosas ocasiones el talante liberal de Twain, la participación de Jim en la aventura es totalmente secundario. Es objeto, más que sujeto. Y, una vez avanzada y apunto de terminar la novela, sigue sin pasar a primer plano.
Tampoco detectamos que al autor le interese reivindicar la liberación del negro como raza. Jim es un secundario sin importancia, sin la menor visibilidad, acaso como tía Sally o cualquier otro secundario. Se le trata como a un animal abandonado. Se le disfraza ridículamente para una obra de teatro sin que eso le duela al narrador protagonista. En dos o tres ocasiones, desaparece de escena, no está en la barca o se pierde, al igual que podría sucederle a una mascota o a un tonto.

Nunca percibimos a Jim como a un personaje inteligente que participe, que contraste opiniones con Huckleberry, que se oponga a él u opine, que dialogue de tú a tú o que Huckleberry le tenga ninguna confianza.

¿QUIERE HUCKLEBERRY LA LIBERTAD DE JIM?

Pese a haber sido considerado un cántico la igualdad yh la liberación, lo que vemos en una lectura limpia es que Huckleberry se toma el viaje en la barca como una diversión. Huckleberry manifiesta su aburrimiento a menudo y nos da la sensación de que dicho viaje hacia un estado libre, supuestamente del Norte, surge por mero aburrimiento. Jim pretende huir y escapar. Huir, el hecho mismo de marcharse, es lo que atrae, pero no la libertad de Jim. Ya sea para liberar al negro o para buscar garbanzos, la aventura mueve a Finn.

No es la concienciación. La liberación de Jim es una excusa sobrevenida. Así es como percibimos que piensa el personaje. Su moral no es de libertador, sino de espíritu libertario. La ausencia de ataduras la piensa para sí mismo, no como sentimiento universal solidario, no para Jim.
Una prueba de lo que piensa Twain del negro son las palabras finales de Tom Sawyer: «pensé que era blanco por dentro porque tenía valor y espíritu de héroes»… Ergo, los negros son cobardes e incapaces de sacrificio.

JIM EN LA ESTRUCTURA

De cualquier modo, el personaje de Jim va a cambiar la monotonía estructural de la obra. La estructura de Tom Sawyer y Huckleberry Finn es, en este sentido, similar. Hasta ahora en ambas obras primero se nos muestran una serie de aventuras pequeñas hasta que sucede la gran aventura. En el caso de Tom Sawyer, el crimen del indio Joe. En el caso de Huckleberry Finn, el crimen que Jim y Huckleberry se encuentran en la barca. Es un paralelismo claro y otra señal más de cómo Twain usa alguna de las claves del triunfo de Tom Sawyer.

En las aventuras de Huckleberry Finn dos ejes rigen la novela: el viaje inicial. Luego, el encuentro con los dos pícaros, el duque y el rey. Finalmente, la herencia y la suplantación de personalidades.

HUCKLEBERRY FINN NO ES UN PÍCARO, TRASTADA FRENTE A MENTIRA.

A diferencia de El Lazarillo de Tormes y similares, tanto las aventuras de Tom como Huckleberry no se basan en el ingenio de la trastada, sino en la mentira. Si por algo triunfa el personaje es por su capacidad de mentir.
Podríamos decir que Lazarillo y similares son tramposos que hacen trastadas mientras que Tom y Hack se parecen que en realidad mienten, no hacen trastadas.

Además Lazarillo o similares emprenden aventuras para sobrevivir, para comer, mientras que los personajes de Twain lo hacen por simple inconsciencia, por jugar. Es así, que, en ambas novelas de Twain, los personajes se meten el líos sin pretenderlo. Ni Tom ni Huckleberry «necesitan» la aventura. Simplemente, juegan y cuando se meten en líos, mienten.

Tampoco Twain cuida que la aventura sea ingeniosa, que nos sorprenda, como suele suceder si el objetivo del personaje es la supervivencia. Los de Twain se dejan llevar

 

EL PERSONAJE QUE NO CUMPLE LAS EXPECTATIVAS.

Como dijimos, Huckleberry se nos presenta en las aventuras de Tom Sawyer como un pícaro resabiado que lleva la voz cantante. Ello nos abre la expectativa de un pícaro activo, más cercano a Lazarillo. El lector se esperanza con tal cosa. Tom es un burguesito acomodado, Huckleberry tiene más necesidades básicas.

Sin embargo, en esta segunda novela, Finn ya no lleva la iniciativa. Es más, cuando aparecen los pícaros, le vemos sometido a ellos, intentando escabullirse de marrones que le caen y, si en algún momento toma la iniciativa, lo hace a modo de reacción y no acción, es decir, para salvarse de una circunstancia. Esto decepciona a lector porque, aunque debemos aceptar siempre el juego que nos plantea el autor, en este caso la premisa estaba planteada antes de abrir el libro. Incluso más: Mark Twain no se percata de que insistiendo en los primeros compases en el carácter de pícaro activo, necesitado, buscavidas, cuyo objetivo es solventar su miseria, nos devuelve esa esperanza de un Lazarillo ingenioso.

Sin embargo, Twain se encuentra más cómodo con un personaje como Tom Sawyer y finalmente decide repetir. De hecho, pienso que cada una de las escenas finales, cuando Huckleberry se hace pasar por Tom, sería algo así como un condicionante freudiano de las auténticas inclinaciones orgánicas de autor.

LA APARICIÓN FINAL DE TOM SAWYER.

La escena en que Tom Sawyer finalmente aparece, parece responder a juego de expectativas que ha estado presente durante toda la obra. Revela la prudencia, reparo, respeto o miedos de Mark Twain respecto a su propia secuela. Tom Sawyer es un amuleto del que no puede desprenderse, un reclamo propiciatorio del que no puede ni debe prescindir, que le ha garantizado el triunfo. Nombrándolo a lo largo del texto y haciéndolo aparecer en lo que hoy se llamaría «cameo», es como si dijera: «señoras y señores y ahora con ustedes lo que estaban esperando…» Esa es la sensación lejanamente psicológica que percibimos.

RASGOS CERVANTINOS HUMORÍSTICOS

Mark Twain se apoya en rasgos humorísticos que se sustentan en la inocencia de los chavales. Además DE nombrar al Quijote, hay algo de quijotesco cuando pretenden llevar a la realidad lo que has leído en los libros de aventuras, y usa la estrategia cervantina de colocar esta característica de inconsciencia como rasgo de humor, colocándole ratas a un preso encarcelado, porque así se hace en las novelas, o llevando de una cebolla para que llore.

Y, PESE A TODO…

Nos cuesta admitir que Huckleberry no sea un pícaro más avispado, que siga siendo un niño ignorante, pero una vez aceptado, se disfruta de este segundo Tom Sawyer. Al final se ve que lo más cómodo era repetir la fórmula. Ambos son niños que en mitad de un momento de tensión o urgencia, ceden al sueño y se quedan dormidos, irresponsablemente. O son capaces, en distintos casos y ejemplos, de disgustar a personas honradas, hacerlo sufrir, sólo para divertirse, por inconsciencia, sin tener clara razón de las consecuencias de sus actos.

Esto se repite en varias ocasiones en ambas novelas. Así lo declara el propio Tom al final de Huckleberry: ha ocultado el hecho de que Jim era un liberto con tal de vivir una aventura para rescatarle de otro modo. «Jim es un negro libre, lo que pasa es que yo lo quise decirlo, preferí pensar en algo heroico». Eso incide en la visión meramente utilitaria de Jim en la obra, que los muchachos no tienen una conciencia antiracista, de libertadores, ni social y política a favor de los negros. Jim es sólo material novelistico.

Y si tía Polly era un referente educacional en Sawyer, Sally lo es en Huckleberry Finn

CONCLUSIÓN.

En definitiva, una novela no mejor que Tom Sawyer, pero disfrutable. Un siete.

CRÍTICA DE OTROS LIBROS (pinchando en las fotos)

 

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