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HOTEL TRANSILVANIA II

Si les digo la verdad, no recuerdo si Hotel Transylvania 1 era buena o mala. Fue antes de decidirme a redactar estás críticas cinematográficas, y no recuerdo. Aunque sí recuerdo que no me dejó mal sabor de boca del todo, pero pasó por mi vida fugazmente, así que no debió ser demasiado buena. Está tampoco dejará huella, pero como entretenimiento para chicos y mayores es eficaz. Reconozco que me he divertido. En todas las películas infantiles, las productoras intentan entretener a partes iguales a padres e hijos. Los guionistas en este caso proponen el tema de la familia y de las tensiones entre montescos y capuletos que muchas padecen. Nace un niño y, sutilmente, se produce un encontronazo entre suegros. Generalmente suegras, pero en fin. Es un encontronazo entre dos mundos, el humano y el vampirico. Drácula y su hija establecen un debate sobre si el recién nacido es humano o vampiro. El abuelo Drácula quiere que sea vampiro, en contra de la opción humana del yerno. Es abu Dracu quién pone sobre el tapete el conflicto: ¿de quién es el niño, de mi familia o de la tuya? ¡Cuántas veces hemos visto esta situación en las familias más convencionales! Los guiños, lanzados desde la pantalla, hacen sonreír a los adultos. No se trata el tema desde un punto de vista sangrante, sino como sainete. El » Fantasma de la Ópera» apostilla las escenas con frases lapidarias «matrimonio de hombre y mujer, invento de Lucifer», o algo similar.

Técnica narrativa

Desde el punto de vista narrativo, hay tres momentos bien estructurados. Primero, un previo sobre el nacimiento del niño que sirve de introducción Luego viene la primera sección, de las tres: el viaje del Abu Dracu, que secuestra al nieto para someterle a pruebas. Los lugares por dónde pasa tampoco son demasiado ingeniosos pero sí la relación de monstruos. En una tartana funeraria, parecida la de Pierre Nodoyuna, de los autos locos, un hombre lobo andaluz, Frankenstein, Drácula, El hombre invisible, el nieto y una gelatina verde pasan por mil peripecias. Es un truco conocido, el del viaje de personajes extravagantes, de las películas gamberras.

El segundo momento es la escena de vasos comunicantes típica de las series de televisión donde se alternan simultáneamente dos historias. El viaje a California y el viaje extravagante se interconectan a través del móvil, de las continuas llamadas de la vampira protectora. Uno de los grandes aciertos es el dibujo de la madre superprotectora y primeriza. Esto lo disfrutan los padres más que los niños.

El tercer momento narrativo es el regreso de los viajeros de California y el coche de Pierre Nodoyuna. Ambos vuelven al Hotel Transylvania a la vez y se descubre el pastel y las peripecias del abuelo Draco y su nieto. En una unión de ambas tramas en un solo instante donde se funden ambas y ambas se concluyen.

Empieza entonces el cuarto y último tramo, muy bien estructurado, con la llegada de un nuevo personaje que dará un nuevo impulso a la historia. Es el bisabuelo, es decir, el padre de Drácula. Es un monstruo más monstruoso. Aquí se hace un guiño a las dos opciones populares de Drácula. Y si el abuelo Dracu es Bela Lugosi, el bisabuelo es el anciano que interpretaba Gary Oldman y describe Stoker, el drácula viejo. Los encontramos en pantalla juntos a la vez y conversando. La historia sigue haciendo alarde de imaginación en la construcción de caracteres monstruosos que nos entretienen y dinamizan la obra.

Finalmente, meten mano los dobladores españoles y le dan un valor añadido a la película porque descubrimos que el doblador es el gran Arturo Fernández -creo que en el original era Mel Brooks-, que lanza desde la pantalla sus características frases. Llamará al vampiro mascota: » chiquitín» y el detalle es un puntazo.

La obra concluye con la solución final de si el niño es humano o monstruo, resolviendo el enigma, el eje central planteado. En toda narración, es inteligente que se plantee algo por descubrir y al final se nos resuelva de forma satisfactoria. Aquí se hace.

De este modo, se ha acertado en varios aspectos: estructura narrativa bien construida, dividida en tres partes y un colofón final con una cuarta historia, bien diferenciadas todas, que se sigue con facilidad, un eje central limpio con resolución satisfactoria… (tampoco es una peli de Ingmar Bergman, vamos a ver, pero como peli de entretenimeinto funciona)… un trasfondo «ideológico» interesante, con un tema reconocible (la lucha familiar y de clanes) y aunque falla en las subtramas, porque son anodinas, se compensa con el dinamismo de imágenes. Tecnología, buen dibujo, efectos digitales bien logrados, calidad técnica y movimientos gimnásticos de slastic que siempre son la decoración del pastel. Que la decoración sea buena es un factor importante, no fundamental, pero complementa. Valoración seis y medio, aunque como peli de dibujos podemos subir a siete.

 

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