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HomeEnsayo-amigos- GOLLUM

Hay un modo sutil de robar que consiste en apelar a la generosidad ajena. Quien pretende robarte, pone por delante tu obligación de dar. Por supuesto, él recibe, porque es el pobre, el necesitado, el inferior. Él o un amigo, el caso es que, sin comerlo ni beberlo, te encuentras en la obligación de ser generoso. La generosidad es fundamental entre amigos. Este ladrón de guante blanco lleva incorporado a su genética este discurso sencillo de honradez, de compartirlo todo para que los demás le den.

Y usted será un demonio con patas de cabra si no le presta los siete volúmenes de la enciclopedia británica, para un trabajo de fin de carrera.

Con una sola mirada de tierno gatito, como Golum o Koba en la fábrica de armas,
le acojona y chantajea y usted le presta su carísima enciclopedia como si no existiera internet.
Pasa el tiempo, el curso acaba, el Gollum se casa, tiene hijos, se jubila y no le devuelve la enciclopedia, (que bien podía haberse aplicado aquello de la generosidad para devolvérsela) Y usted duda si pedírselo o no. Porque, oiga, cuando Golum sospecha que se lo vas a pedir, vuelve a poner carita tierna como diciéndote que eres un ruin ambicioso si solo piensas en recuperarla. ¿Solo en eso basas nuestra amistad?

Hay miles de discos, libros, vestidos, joyas o motocicletas no devueltas por el mundo con esta comedieta de la generosidad ajena, y no digamos dinero: “necesito dos mil pavos para fundar una ONG”. La ONG no se funda, pero tú los dos mil euros no los vuelves a ver. “Te voy a comprar un traje de buzo porque nos vamos juntos a las cuevas del Drach”. El viaje se suspende, pero el Gollum ni te paga el traje ni te lo restituye. Y pídeselo, anda.

Publicado en prensa de papel (La Voz del Tajo- Talavera de la Reina) el 17 de febrero de 2015)

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