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El método es escribir aunque no se te ocurra nada. Ponerlo todo, aunque sean cosas absurdas, ideas idiotas. Forzarte a hacerlo, exigirte llenar el folio. Es como la gimnasia. Hay que forzar el músculo. Al final, si te das caña, el cerebro se acostumbra a tener ideas. Coge el hábito.

Técnicamente el método se llama brainstorming. Piénsalo del siguiente modo: imagina que tienes a un asesino que te apunta a la cabeza si no escribes una frase antes de cinco segundos. Obedece al asesino o disparará. Venga, ya, una idea nueva, un momento, un avance de la historia.

Juan salió de casa y… ¿qué le pasó? Empieza la cuenta atrás, el asesino está a tu espalda, cuando llegue a cinco disparará. 1, 2, 3, 4… y tú entonces dices: ¡cogió el coche! De acuerdo, ahora qué hace Juan… debe encontrarse con un problema: 1, 2, 3… ¡Tiene una rueda pinchada! Bien, ¿quién le ha pinchado la rueda?: 1, 2… ¡su vecino, que le odia! ¿por qué le odia su vecino?… 1,2,3,4… sigue tú, da otra idea antes de que el asesino dispare.

Se te ocurrirán muchas tonterías. No importa. Escribir no existe. Existe reescribir. Existe corregir. Hay que tener mucho material para luego corregirlo, ese es el secreto, así se evita el colapso del escritor.

Escribes por capas. Piensa siempre eso. Un escritor es como un pintor de brocha gorda. Da una mano de pintura a la baranda de su balcón. La deja secar. Mira, ve que necesita otra mano, que se ha dejado mentiras. Da otra mano. La deja secar. Sigue viendo mentiras, fallos, defectos, da otra mano de pintura, la deja secar. Cuantas más manos dé, mejor quedará la barandilla.

Y si ya te parece todo igual, y no ves fallos, olvida la barandilla, haz otra cosa y cuando vuelveas tras unos días a repintar entonces verás dónde estaban los fallos que no veías.

Escribiendo pasa igual:

Escribes un texto. Siempre será imperfecto. No te preocupes. No te gustará la primera redacción, es lógico, es una primera mano de pintura solamente. Tal vez no estén muy desarrollados los personajes, el ambiente, las anécdotas no sean suficientemente brillantes. No importa. Vuelve al día siguiente y prueba a enriquecer un poco la psicologia de tal o cual personaje, a describir un poco más esa casa, ese parque… prueba a poner matices y detalles en la anécdota. Tal vez la sobrecargues. Da igual, déjala cuando te canses pero no te olvides de que no debes tirar la toalla, tu obligación es no desesperarte, volver al día siguiente y quitar la tontería que se te ocurrió, mejorarla o cambiarla por otra idea mejor. Y así un día y otro y cuando ya te parezca que todo ha quedado perfecto, ¡NO PUBLIQUES! Mete el texto en un cajón y cuando te hayas olvidado por completo de él, reléelo. Si habiéndolo olvidado sigues pensando que es perfecto, entonces podrás plantearte publicarlo pero antes enséñaselo a tu peor enemigo y si sus observaciones no te convencen y ves la envidia en sus ojos, entonces el texto estará perfecto.

Una de las sensaciones que se reciben cuándo se lee narrativa es el amor que el escritor ha depositado en los personajes, el ambiente, la humanidad de aquellos que viven la aventura. Veamos un caso, imaginen un escritor qué desea contar la historia de sus padres fallecidos. Antes que la aventura, tendrá muy presente las vivencias sentimentales obtenidas de la infancia, los momentos más emocionantes, aquello que hacían humana a la familia, la convivencia, las aventuras compartidas. La aventura tendrá sentido, se cargarán de sentimiento, las anécdotas tendrán para ese escritor una auténtica motivación, porque están llenas de estas emociones.

 

Pensemos ahora en un amor real, auténtico, de pareja, que por cualquier motivo se haya roto, haya supuesto un trauma emocional para el autor. Será trasladado al papel del mismo modo, con las emociones a flor de piel.

 

El que lo haya intentado reflejar en una narración una experiencia emocional personal, comprobará que cuando pretende narrar esos acontecimientos luchará por que los hechos reflejen el ambiente, las emociones, las sensaciones, la vida que esos acontecimientos tuvieron. Se sentirá insatisfecho si dichos sucesos no contienen la emoción pretendida y corregirá frases en función de que esas frases, vocabulario, estructura, adjetivación, localizaciones, logren reflejar las emociones, logren que la emoción en el lector brote del mismo modo o parecido que en su día existieron.

Lo que se intenta reflejar cuando se escribe es la historia sentimental de las cosas, no las cosas. Es la biografía interior de un ser querido, es una fotografía impresionista de lo que ocurrió en el corazón. Quq los hechos sucedidos contengan un fiel reflejo de las impresiones es lo importante. No son importantes los hechos, sino como nosotros lo percibimos en su día y cómo lo logremos transmitir. Sólo así nos daremos cuenta de lo difícil que es el oficio de escritor.

Sólo así veremos que un lenguaje insuficiente, una adjetivación inadecuada, quizá demasiado exagerado, quizá demasiado imprecisa y genérica, quizá demasiado barroca, quizá demasiado simplista nos aleje de lo que realmente vivimos. Luchamos por conseguir la emoción precisa, que no era simple ni barroca, que no era ñoña ni fría. Existía esa emoción en un estado inefable que nosotros intentamos que existe con palabras.

Si tenemos la precaución de guardar en un cajón ese escrito durante un año, cuando lo recuperemos queremos ver en él nuestros sentimientos y nos daremos cuenta si el lenguaje empleado, el punto de vista, la forma de contar da en el clavo o se aleja de nuestra pretensión. Y eso es lo que corregiremos.

Y ahora vayamos a una historia de piratas ajena a nosotros, donde aparecen unos monigotes que viven unas aventuras. Tal vez, las aventuras serán extraordinarias, muy dinámicas, con giros de tuerca y tramas interesantes, pero no os dejará fríos si no estamos nosotros en la historia como pesonajes, si los personajes no son de nuestro entorno personal, de gente que amamos u odiamos o no nos deja indiferentes. Siempre escribimos sobre nosotros y nuestras necesidades, deseos, penas y alegrías, las nuestras, aunque lo transformemos en piratas o en personajes del espacio. Eso es lo que da calidad a un texto. Personajes por dentro, aunque sean pocos. Hay algunas historias con muchos personajes pero solo interesarán si son dinámicos, es decir, si somos nosotros.. El personaje  no debe ponerse al servicio de la trama, es la trama la que debe servir al personaje. El personaje y su vida interior sostiene una novela, los hechos que ocurren. Es así como debemos pensar, con sentimiento, porque la narrativa no es otra cosa que un modo de hacer poesía sin qué el lenguaje devore al sentimiento.

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