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CHIMPON, (panfelto post mortem) de Juan Margallo y Petra Martinez

Juan Margallo y Petra Martínez, llegan a la sala Trajano de Mérida en gira con “chimpón”, una obra escrita por ellos mismos donde se reflexiona, a través del teatro, sobre la muerte y otros menesteres.

LA PUESTA EN ESCENA.

Una puesta en escena minimalista, donde dos escaleras y dos sillas de ruedas son los únicos elementos, formando simetría. La utilización de elementos novedosos en el teatro es algo que se busca para llamar la atención y ofrecer originalidad. Los elementos roboticos en este caso (sillas de ruedas que se mueves solas etc…) lo aportan. También las proyecciones de fotos, aunque son pobres y sucias y no tienen siquiera la estética de lo feísta. Un ciclorama al fondo da los matices apropiados en los cambios de escena. Esta composición es agradable, sin duda se acierta.

LA ACTUACIÓN.

Como es propio de dos grandes de la escena, Margallo y Petra actúan con una naturalidad cercana al realismo. También se aprovechan de que la historia que cuentan parece si no es cercana a su propia vida y casi no interpretan, simplemente se expresan y comentan. Es el modo en que el espectador recibe esta actuación serena. Se valen de unos micros inalámbricos y es por ello que pueden dar matices que, si actuaran de viva voz, no podrían.

EL ESTILO
La obra podría encuadrarse en esos textos donde el tema es una escusa para jugar a elaborar cuentos surrealistas y absurdos en tono de comedia sin más pretensiones. Alrededor de la muerte, se cuentan diversas anécdotas que rozan de pasada cuestiones sobre Dios, la política, anécdotas inventadas o no de un pasado farsesco y absurdo… sin que llegue a profundizarse ni decir nada, como juego humoristico puro, pero descafeinado. Ambos se postulan como sacerdotes de este estilo que tuvo su vigencia, con cumbres notorias como los textos de los hermanos marx, la ironía de Berlanga o los desmadrados Tip y Coll. Aquí el juego humorístico es más descafeinado y no alcanza cotas siquiera medias. El libreto de Margallo y Martínez tiene cojeras. Es un juego de collage de divagaciones donde el diálogo no está desestructurado con excesiva brillantez, podemos apreciar algunas historias curiosas, dos chistes buenos, la llamada a la Guardia Civil y la anécdota del niño que se estampana contra un muro. Lo demás, más flojito, algún chiste que otro visto, de esos que se distribuyen por el whatsapp, lo cual… pues que quieren que les diga…

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