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Caimanes de Suripanta Teatro

Suripanta

Caimanes, de Suripanta teatro. Representación de 14 de julio de 2019 en la Sala Trajano, de Mérida.

LA OBRA.

escena de la obra de david barreroComedia de situación en la que el dramaturgo, David Barrero, plantea un juego de falsedades y mentiras que se irán desvelando a lo largo de la trama.
Como en toda la comedia de enredo, su calidad depende de la inteligencia del autor a la hora de plantear, desarrollar y concluir la serie de acontecimientos, con giros más o menos inesperados.
Para ello, en cuestiones de técnicas narrativas nos valemos de dos inflexiones llamadas puntos de giro y giros de tuerca.
Los puntos de giro son aquellos momentos en los que el argumento cambia por una circunstancia nueva o por descubrir el espectador una información desconocía. La circunstancia que hace cambiar la historia ha de ser lógica y a la vez sorprender. Y más aún en un giro de tuerca, donde circunstancia y lógica deben ser aún más inesperadas y chocantes.

LAS TÉCNICAS NARRATIVAS EN CAIMANES DE SURIPANTA TEATRO.

escena de la obra de david barreroEl propio David Barrero nos lanza un guiño respecto a esto cuando habla de Hitchcock y nos dice que lo interesante no es lo que se muestra sino lo que se oculta.
Así, todos los personajes muestran una cara y ocultan otra. ¿Es curioso lo que muestran? ¿Es sorprendente e inteligente lo que ocultan? Esa diferencia entre lo que se ve y lo que sucederá puede ser muy diferente o no y da la clave de si una obra es mejor o peor. Y como en esta comedia todos o casi todos tienen algo que ocultar, desde el vecino nazi al gran escritor, pasando el amigo fiel o la fiel esposa nos preguntamos, ¿es inteligente todo esto en Caimanes de Suripanta Teatro?
Dicho de otro modo: ¿lo que se muestra y lo que oculta sorprende? O también puede decirse: ¿lo que se muestra y lo que se oculta tiene una relación tal que nos produzca sorpresa? Incluso también: ¿lo que se muestra y lo que se oculta, a la hora de desarrollarse, se hace desde unas coordenadas y con unos mimbres lo suficientemente sólidos? ¿O la cosa parece traída por los pelos? Pensemos y respondamos luego.

LA FARSA Y LA SITUACIÓN CASI REALISTA EN CAIMANES DE SURIPANTA TEATRO.

En efecto, aunque es una situación que pretende ser realista no llega a serlo. Con toques de farsa y apuntes de comedia, con escasos chistes verbales y una brillantez limitada en el diálogo, aunque eso sí, un picadillo muy ágil, los cinco personajes plantean una trama extraña dónde las ocultaciones suenan gratuitas, más por artificio dramático que por lógica argumental. Así, el planteamiento no resulta cercano sino indiferente. Despierta poca curiosidad la relación entre personajes. Roza y a veces cae de lleno en lo anodino e inverosímil. Y, finalmente, el resultado de la evolución dramática es prescindible y poco sorprendente. Problema de libreto, claro.

Pese a lo dicho, el enredo llega a interesar, sobre todo por el picadillo de frases cortas que dije aunque no por su ingenio en las respuestas. Desde luego, nunca por el planteamiento argumental. La idea base que sustenta la obra no es una gran idea, pero se sobrelleva al despertar cierta curiosidad en nosotros, no por la trama genérica sino por los momentos. No es una gran comedia, no dejará huella ni es el gran entretenimiento que muchas veces esperamos al ir al teatro, pero no cansa del todo.

LOS ENIGMAS.

Porque el planteamiento, hasta bien avanzada la obra, es una acumulación de enigmas. Sobre todo el vecino, al que tienen miedo. ¿Por qué le tienen miedo? Más aún cuando el actor que lo interpreta no da precisamente miedo. ¿Qué relación tiene con los vecinos? Luego se descubre por qué, pero ¿por qué temerle? ¿por qué le han de temer los personajes en escena precisamente?
Los amigos invitados, ¿quiénes son? ¿por qué se les invita? ¿A qué vienen? ¿Por qué se les intenta agasajar con comida de encargo fingiendo que es casera? ¿Por qué tanto interés en mentir sobre las falsas virtudes del anfitrión como cocinero? ¿Sólo es vanidad o hay otro motivo, otro interés material que nos satisfaría más como espectadores? No lo hay. Los motivos conceptuales, así, en general no sirve en narrativa, debe mostrarse en un por qué concreto en la relación de los personajes, y a las preguntas de interrelación de personajes que acabo de plantear, no se responde.
actores suripanta¿Por qué el protagonista finge ser un gran cocinero? ¿Por qué se hace todo esto? ¿Y por qué los personajes hacen lo que hacen? La respuesta debería residir en un porqué en el otro personaje, pero no lo hay. Son enigmas, sí, que tardan en resolverse pero que cuando se resuelven no satisface. Y a veces no se resuelve, queda todo en el aire. Los enigmas duran mucho, tardan mucho encontrar respuesta y la respuesta es floja, débil, insuficiente, prescindible. Podría ser “esa”, (cuando la hay), como podría haber sido cualquier otra. Y ese es el problema, que al espectador no debe darle igual si la trama está bien planteada. La lógica de la trama es caprichosa por surrealista. Se puede ser surrealista, pero no caprichoso o anodino. Y si se es caprichoso y anodino, se debe ser más brillante en “los momentos”. Cuanta más caprichosa la trama, menos realista debe ser y debe verse. Es una “ley del surrealismo”.

AUSENCIA DE UN «UNIVERSAL».

Y cuando descubrimos lo que ocultaba cada uno, vemos la falta de solidez en la respuesta a dicho enigma. La falta de conexión con un “universal” que no existe. (El “universal” es aquello que reconocemos como problema real de la vida real y con el que el receptor de una narración puede verse identificado) Miento, lo hay. Pero como no se pone en juego con un conflicto entre personajes, ese universal consistente en que alguien con malas artes te roba los méritos o consigue el éxito con méritos robados no se pone en juego, en conflicto. Porque a Charlie tampoco le pertenecen esos méritos. Son dos “ladrones”, uno que lo ha sido con éxito y otro que no ha sabido serlo por debilidad pero que tampoco sabe vengarse. Con lo que la mala leche del universal tampoco salta a los ojos del público.
Las preguntas están tan alejadas de nuestros intereses como espectadores, tienen tan pocas consecuencias en la relación de personajes, las respuestas quedan tan abiertas y las soluciones, cuando las hay, son tan arbitrarias que no parecen estar construidos con sólidos nudos.

LAS MOTIVACIONES EN CAIMANES DE SURIPANTA TEATRO.

hugo y su mujerPorque faltan las motivaciones de los personajes, como digo. Los objetivos. Sí, mienten, pero ¿qué pretenden mintiendo? Es lo que nunca llegamos a tener claro. La única mentira justificada es el adulterio, pero ¿las demás? Que el escritor haya robado una novela tiene que ver con una vida mentirosa, pero no con la relación con sus amigos. No estrictamente. Porque el único momento de ira con aquel título de los “callejones perforados” no acaba de tener desarrollo, siguen siendo amigos cuando era el camino por donde debería haber tirado el autor. La diferencia económica entre ellos, además, como rivalidad. Se ve, pero no se hace presente como problema principal, que debería haber sido tratado con un mayor enfrentamiento. La mujer de Charlie lo hace porque Charlie es débil, pero queda todo muy al fondo, difuminado. Parece ser el fondo de la motivación, pero en el diálogo se oculta, se difumina.

LA RESPUESTA DEL GRAN COCINERO

Anda, mira, por eso fingía Hugo ser un gran cocinero, porque siempre ha querido presumir sobre su amigo tonto. Un amigo tonto que no se enfrenta a él, que lucha contra él con un whisky barato y que manda a su mujer a luchar por él. Pero como sigue faltando un conflicto principal, meter a Hugo en un problema trágico del que no podrá salir, todo esto queda como conflictos secundarios a falta del principal, algo con más chicha.

LAS METÁFORAS

David Barrero se recrea en las metáforas. Caimanes, bichos agresivos que se muerden unos a otros. Aunque no haya mordisco fuerte en un conflicto principal mostrado, se apunta. No se pone a Hugo en un aprieto, es lo que falta. No hay crueldad de Charlie y su mujer (incluso la esposa de Hugo) que viene a vengarse.
Caimanes, te pueden arrancar un brazo pero se les tapa la boca con dos dedos. Metáfora de algo que debería haber ocurrido en escena pero no se ve.
SuripantaCaimanes, novela donde un nazi tortura a un judío. Pero la novela acaba con la venganza del judío. ¿El nazi es Hugo y el judío Charlie que finalmente se venga? ¿Y en qué consiste su venganza? ¿En un simple adulterio flojucho del que ni siquiera Hugo acaba sufriendo las consecuencias? Falta un conflicto fuerte principal.

Hugo no se fija en el vestido de su mujer. Más que metáfora, es un símbolo de la vanidad de un personaje que sólo mira por sí mismo (y por eso su riqueza y éxito está montado sobre una mentira) que sin embargo no sufrirá las consecuencias de su pecado, a falta de conflicto principal.

¿Y el vecino nazi, por cierto, qué pinta en todo esto? ¿Es la metáfora de una amenaza?
Debe haber un objetivo concreto más claro y más a la cara del espectador, con el partenaire dramático más visible y ahí está la falta de enganche de la mentira con la relación de personajes. No se mienten unos a otros en Caimanes para beneficiarse, porque saquen algo a cambio, como sería y suele ser la lógica de la mentira en la mentira. Se echan en cara lo que pasó pero no pretenden nada. No se le pone al novelista mentiroso en ningún aprieto, en ningún dilema a resolver. Son reproches sin desarrollo en lo que ocurre, y punto. Putear al personaje, es lo que debe hacer el autor. Hugo nada teme de sus rivales. La interacción de personajes es un juego en el fondo de la mentira. La psicología entre personajes falla al fallar el conflicto a resolver.

LA VENGANZA DE CHARLIE (ATENCIÓN AL SPOLIER)

SuripantaEl único punto donde hay desarrollo entre personajes es la venganza de Charlie. No se venga de Hugo por haber robado la novela y hacerse famoso ilícitamente a través de algún juego referente a la literatura, sino con su mujer. Pero la mujer de Charlie, (¿consentidora por venganza?) juega un papel extraño. Y al final, como todo queda en agua de borrajas y la esposa del famoso acaba en el Tai Chí, ¿dónde está la venganza y aquel darle en las narices que deberíamos haber visto? David se siente más a gusto elaborando la trama de la botella de whisky malo que la trama general.

LOS ACTORES.

SuripantaUn picadillo de diálogo fluido, producto de mucho ensayo y de mucho trabajo, es lo que se trasluce en Caimanes de Suripanta teatro. La calidad de los actores es mediana. Son actores naturales, con un físico de cincuentones o sesentones y un desarrollo interpretativo propio de aficionados con muchas tablas, pero aficionados en el resultado, al fin y al cabo. Aficionados de gran calidad, eso sí.
Tienen, pese a todo, momentos brillantes en el propio picadillo. Porque la obra tiene algunos momentos donde el libreto ayuda a ello. Aunque falta solidez argumental en general, en cada tramo David Barrero sabe jugar al tuya mía de personajes con fluidez, ya sea en la conversación sobre la montaña africana, con la botella de whisky malo o con el cuadro vanguardista. En cada uno de esos y otros tramos, el texto nos absorbe y gana en esos momentos dramáticos. Gana lo que pierde en el conjunto global, como hemos dicho. Y los actores ayudan, desde su calidad mediana, a que te metas en la obra y disfrutes. Es una obra que se disfruta a ratos gracias a esta conjunción de momentos textuales entretenidos e instantes interpretativos de calidad.

EL DIRECTOR.

Paco Obregon directorPero lo más valioso es la mano del director, Paco Obregón, que ha sabido manejar la batuta de ritmos con profesionalidad. El manejo de gestos corporales y posiciones escénicas entre los cinco actores se debe a una coreografía de movimientos ágil, dinámica, marcando pulsos que no decaen, incluidos matices variados y realistas en la dicción del texto dentro de la naturalidad. Y todo ello de fondo, sin que se vea, al servicio del resultado. Hay mucho de la mano del director en la calidad de los actores.

EL DECORADO.

Un decorado también profesional, con dos espacios escénicos, casa y jardín con balconada, que nos permite dividir el tablado y diversificar los ámbitos y los ambientes. Eso contribuye a la ductilidad de la obra, que se enriquece al desarrollarse distintos momentos en lugares distintos bien definidos.

CONCLUSIÓN.

decorado de la obraUn trabajo digno, un esfuerzo respetable de un grupo, Suripanta, que con Caimanes sigue buscando la piedra filosofal del teatro profesional completo, en un empeño a tener en cuenta. Sin duda, van por el buen camino y lo lograrán algún día. También el autor se esfuerza y se deja la piel en un texto que, pese a sus carencias, logra mucho. Porque, pese a todo, nos entretuvo y eso ya es un gran mérito.


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