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-dialogar- EL ARTE DE CONVERSAR II

Dibujo en blanco y negro de dos personajes discutiendo sobre si el número caído en el suelo es un 6 o un 9

Seguimos desgranando que es eso del arte de conversar. Hablábamos la semana pasada de aquel que todo lo critica, porque criticar es signo de agudeza y, en efecto, parece que ve más y ya dijimos que esto era un espejismo. Porque en realidad el crítico lanza críticas a boleo, a mansalva, con metralleta. Siempre acierta, porque si sale bien, ¡huy, por poco! y si sale mal… ¿ves?, ¡te lo advertí! El crítico se piensa a sí mismo alternativa, pero sólo gruñe. Y si, finalmente, alguien quiere callar al bocazas, se le llenará la boca de más críticas como si fueran ideas. Nunca se calla. Está aferrado a su dogma de criticar, por encima de cualquier imploración de paz.
Y es fácil que se le sumen aficionados a la crítica, porque criticar es atractivo, te hace pasar pos listo.

Fotomontaje sobre el cartel de la película por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo pero con el cartel por qué lo llaman conversar cuando quieren decir convencerPero si se les obliga a que den respuestas y no pegas, se exaltan, se refugian el uno en el otro, lanzan improperios contra el grupo, al que acusa de no saber conversar. Llama fachas, rojos, amarillos o verdes a todos y acaba arengando con una serie de credos prefabricados en el manicomio de su ideología, que nunca es cosecha propia.

Pero imaginemos que al mal conversador se le pilla en una muy gorda.

Ha dicho que la luna es cuadrada y se le demuestra que no. Él nunca abordará la cuestión geométrica. Arremeterá contra los astrónomos, la manipulación del photoshop o contra Cantinflas o Perry Mason antes que entrar al trapo, porque crítico ataca, no responde. Para él, es peligroso razonar donde pueda ser vencido. Y si se le pregunta por espárragos, contestará con cajas de cartón. Podemos encontrarnos a este energúmeno en sus modalidades “ñoño resabiado”, “bromista idiota” o “fanático radical”, pero el más peligroso es el ñoño, porque bajo una apariencia de conversación suave, se esconde un destructor.

Los buenos conversadores proponen, pero sólo ante otro buen conversador, sin batallas ideológicas, sin pulso entre egos. Ante gilipollas guardan silencio. Ante su fiereza, tienen siempre la guerra perdida.

Publicado en prensa de papel (La Voz del Tajo- Talavera de la Reina) el 28 de abril de 2015)

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